Apuesto que a algunas de ustedes -especialmente quienes me conocen por mi blog primero y más "clásico", La buhardilla de Kassandra- les sorprendió que el título escogido para este nuevo blog fuese en inglés.
Ello no obedece al azar ni a un capricho snob: por el contrario, hace referencia a una expresión que descubrí hace unos cuantos años, leyendo el maravilloso libro del poeta irlandés John O´Donohue "Anam Cara: a book of Celtic wisdom" (años más tarde lo descargaría de Internet en español, pero hallé que en la traducción se perdía mucho de la musicalidad y poesía del original).
Allí, el autor expresa una frase que me pareció sublime:
"When you learn to love and to let your self be loved, you come home to the hearth of your own spirit. You are warm and sheltered. You are completely at one in the house of your own longing and belonging". [Cuando aprendes a amar y a permitir que tu yo sea amado, vuelves al hogar de tu propio espíritu. Estás abrigado y a salvo. Alcanzas la integridad en la casa de tus anhelos y a la que perteneces.]
Tiempo después, de una forma muy sincrónica y gracias (¡cuando no!) a Sarah Ban Breathnach, volví a leer aquella frase, pero usada en un contexto ligeramente distinto: ella la utiliza para hacer referencia al hogar de nuestros sueños.
| Sarah Ban Breathnach |
"Las asociaciones sagradas llegan a nuestra vida en muchas formas diferentes", explica. "A veces, en vez de ser de carne y hueso, son de madera y piedra. The House of Belonging [la casa a la que pertenecemos] es una antigua metáfora celta para designar el cuerpo como casa terrena de nuestra alma, así como de la paz profunda y del sentimiento de seguridad, alegría y satisfacción que se dan en las relaciones íntimas con personas y lugares."
"Todos tenemos una casa a la que pertenecemos, que nos aguarda. Espera que la construyamos, que la encontremos, que la reformemos, que la limpiemos. Espera que estemos preparadas para enamorarnos profunda y locamente."
En el caso de Sarah, su loca pasión la llevó a cruzar literalmente el océano y cambiar la ajetreada vida norteamericana por una mucho más bucólica y modesta en la campiña inglesa, cuando descubrió "causalmente" lo que alguna vez fue la capilla privada de Isaac Newton, hoy convertida en encantadora casita campestre. Y aunque años más tarde -debido a un desastroso divorcio- debió vender dicha propiedad para volver a los Estados Unidos, estoy segura de que en su fuero íntimo sigue considerando a la capilla de Newton como el verdadero "hogar al que pertenece"...
| La capilla de Newton |
Por eso, cuando pensé en un título para este blog no hallé otro mejor que esa expresión; y decidí usarla en su idioma original por no haber encontrado una traducción que a mi gusto refleje su auténtica riqueza y profundidad (aunque a menudo me oirán referirla, en una versión libre, como "el Hogar del Alma").
Para ser franca, ignoro si este sitio en concreto y la casa que planeamos construir en él será el "hogar definitivo" donde hallar -desde el punto de vista metafísico- la paz tan necesaria para el cuerpo y el espíritu; no obstante, encaro la parte práctica de la aventura con el mayor de los entusiasmos, convencida de que en este momento y lugar es todo cuanto necesito para mí y mi familia, y que al fin de cuentas, lo mejor que una mujer puede legarle al mundo que la rodea es "florecer justo donde está plantada"...
| Azucenas que crecen libremente en el frente de nuestro terreno. |
Para quienes lleguen aquí sin haber leído previamente el último post en la Buhardilla, les cuento de qué va la cosa: se trata de ir documentando el "paso a paso" en el diseño y construcción de nuestra casa soñada cerca del mar -como si se tratara de un diario personal, o mejor aún, de una bitácora de viaje ilustrada-, incluyendo notas de inspiración y fotos de los progresos que vayamos logrando, pero también mis pensamientos e impresiones personales en cada pequeño avance hacia la concreción de nuestro proyecto, así como consejos y tips que puedan ser de utilidad a otras personas dispuestas a embarcarse en una propuesta similar.
Los
principios rectores en este proceso serán, en gran
medida, los mismos que hemos aprendido y compartido hasta ahora con mi compañero y mi hijito: aguzaremos el ingenio para construir de la forma más ecológica y frugal posible, mezclando
técnicas de construcción tradicionales y alternativas, y haciendo
nosotros mismos la mayor parte del trabajo, a fin de emplear el mínimo
de mano de obra contratada. Reciclaremos, reutilizaremos y renovaremos
tantos materiales como podamos, utilizando elementos del medio que
puedan extraerse sin depredar, y aprovechando las condiciones naturales
-sol, lluvia, desniveles del terreno, vegetación nativa- para obtener de
ellos el máximo beneficio. Apostaremos a rodear nuestro hogar de un
entorno verde (jardines, árboles frutales, hierbas aromáticas, huerta
orgánica, invernáculo para especies delicadas, estanque para plantas
acuáticas) y habrá también espacios propios para nuestros amados
animales de compañía, incluyendo las gallinas que contarán con un marco
natural y saludable para su óptimo desarrollo.
Pero
además -y este es un compromiso que asumo a título estrictamente
personal- pretendo crear en ese pequeño rincón del mundo un auténtico
SANTUARIO de Belleza, Serenidad y Armonía. Es que mis dos amores
(hombres al fin) comparten una visión totalmente pragmática de la
realidad: sólo consideran importante rodearse de cosas útiles.
Y admito que durante mucho tiempo, yo misma he sucumbido a la tiranía
de ciertos materiales -por ejemplo el plástico- por su innegable
practicidad, aun cuando su aspecto atenta contra el más elemental
sentido de la estética (sin mencionar sus efectos nocivos sobre el
ambiente).
Sin embargo, he terminado por aceptar que mi sensible Alma femenina
sólo puede crecer y florecer propiamente cuando está rodeada de Belleza;
de modo que en este nuevo reto que tengo por delante me propongo
aplicar al pie de la letra la famosa frase de Elsie de Wolfe: "Voy a hacer que todo a mi alrededor sea hermoso; esa será mi vida"...
De modo que sólo me resta darles la más cordial de las bienvenidas, expresarles mi profunda gratitud por acompañarme en este nuevo camino, y decir con alegría: "¡Manos a la obra!"