| Jardín japonés, Museo Blanes (Montevideo/Uruguay) |
Seguramente al leer el título, algunas de ustedes se habrán sentido desorientadas. ¿Es que edificar una casa no le resultó bastante desafío?¿ahora pensará dedicarse a la ingeniería?, quizá más de una se haya preguntado, entre la risa y el asombro.
Tranquilas, no es nada de eso. De hecho y sólo a los efectos informativos, diré que la obra de nuestra cabaña playera sigue paralizada, en parte debido a los contratiempos ya explicados en entradas anteriores -carencia temporal de locomoción para trasladar materiales- y en parte debido a un clima impredecible que tan pronto nos castiga con sensaciones térmicas cercanas a 0ºC como nos obsequia "veranillos" agobiantes que pronto se decantan en tormentas intensas y lluvias torrenciales -desde hace semanas en el sur de Brasil, y ahora también en Uruguay, hay miles de personas evacuadas de sus hogares por causa de las inundaciones...-
Entonces, ¿qué ando haciendo por acá?¿No es acaso este un blog destinado a documentar la construcción de mi casa?
Bueno, no exactamente. Es verdad, trata sobre CONSTRUIR; pero la cabaña, en cuanto objeto material, se ha manifestado apenas como un modesto símbolo de un proceso mucho más amplio y profundo. Como les contaba en uno de los primeros posts, desde el inicio mismo de nuestra aventura constructiva intuí que junto con los trabajos de edificación propiamente dichos, se estaba gestando una transformación profunda a nivel interior, destinada en última instancia a generarme una nueva realidad, más auténtica y acorde a los anhelos de mi Ser Esencial...
En el Tarot, las transformaciones radicales están representadas por el Arcano XVI: LA TORRE. La imagen alegórica correspondiente nos muestra un torreón alcanzado por un rayo, cuya parte superior se desmorona entre una lluvia de rocas y escombros, mientras -en las versiones clásicas- dos figuras humanas caen al vacío desde la misma. En su significado adivinatorio, la Torre anuncia un tiempo de cambio drástico y repentino, así como la destrucción de todo tipo de estructuras que, aunque proporcionan seguridad, limitan los actos humanos; indica una profunda crisis de personalidad y derrumbamiento del yo interior y de todo cuanto éste representa.
Si bien en primera instancia creí entender que las tareas preparatorias para la construcción de nuestro futuro hogar encerraban una metáfora sobre la necesidad de hacer "limpiezas" interiores -de hábitos, de guardarropa y de pensamientos negativos- así como de "poner límites" frente a las demandas energéticas de los demás (especialmente de los dos hombres de mi vida), la Torre se presentó intempestivamente -como es su característica- en el plano que menos esperaba: mi salud. Una delicada intervención quirúrgica de urgencia, con su consiguiente período de convalecencia, me obligó a mirar desde otra perspectiva todos los planes y proyectos que hasta ese momento habían sido prioritarios. De pronto, los exigentes cronogramas constructivos elaborados a principios de año se resquebrajaban, las expectativas de mudanza rápida caían fulminadas por el rayo y la casa, que hasta entonces había sido el símbolo visible de mis objetivos inmediatos, quedaba -igual que la torre del Tarot- literalmente "descabezada"...
Claro que, como toda tormenta, ésta también amainó a su tiempo; y tímidamente volvió a salir el sol. Entonces fue hora de elaborar el reporte de daños y empezar lentamente a remover los escombros dejados por el temporal, para después reformular los bocetos y planificar el comienzo de la reconstrucción... Ahora, una vez limpio el predio donde antes se alzó la Torre, ¿qué sería prudente construir? En el plano puramente físico el objetivo estaba bien definido; pero en el plano metafísico la cosa no parecía tan clara... ¿Sería hora de erigir una nueva casa? ¿una escuela? ¿un santuario? ¿una fortaleza militar? ¿o un gran complejo edilicio que incluyera todo lo anterior?
Justo en ese momento -como muestra de la perfecta sincronía del Universo- apareció en mi horizonte Paula, una mujer brillante, multifacética en sus desmesuras y con una asombrosa capacidad de convencimiento, para invitarme a seguirla en un proyecto de transformación personal en forma de blog al que dio en llamar, evocativamente, INTENSIONAL. Entre las variadas herramientas que con generosidad ofrecía a aquellas que se atrevieran a acompañarla en el camino del autodescubrimiento y la búsqueda del bienestar, estaba un diario-bitácora donde se supone que debíamos asentar nuestros propios propósitos de cambio, así como la identificación de las creencias negativas que nos frenaban en el intento de materializarlos, y las estrategias que fuésemos capaces de diseñar para superar dichas creencias y alcanzar los objetivos. Y justamente, mientras trabajaba con afán en mi Diario Intensional, sobrevino la revelación de cuál debía ser mi próximo proyecto "constructivo"...
¡Había que tender PUENTES!
¿Cómo no se me ocurrió antes? Después de todo, parecía tan obvio... Los puentes acercan puntos aparentemente distantes, permiten alcanzar orillas antes inaccesibles, y nos transportan a salvo por encima de desfiladeros y hondonadas que a priori nos hubiesen parecido insalvables. Y yo, desde el vamos, tenía unos cuantos puentes que construir:
-el puente hacia una salud integral, levantado sobre los pilares de la alimentación natural, la actividad física recreativa y el cuidado personal interior y exterior, con especial énfasis en la erradicación de emociones tóxicas;
-el puente hacia una maternidad plena, cuya construcción implica despejar los obstáculos de la culpa y el perfeccionismo, utilizar la creatividad y la tolerancia como herramientas principales, y aceptar de plano que es una obra necesariamente realizable por etapas;
-el puente hacia la satisfacción afectiva, el cual a veces sólo requiere limpiar y reforzar los cimientos primigenios de las relaciones, sean éstas de pareja o de amistad (esos mismos que a veces por descuido o por acostumbramiento dejamos resquebrajar o invadir por la vegetación circundante);
-el puente hacia el trabajo ideal, que sólo puede sostenerse equilibrando el peso entre la pasión, la disciplina y el compromiso;
-el puente hacia la realización espiritual, el más sutil y ligero de todos, pero en última instancia el que une la totalidad de los caminos y los conduce a su destino común;
-y el puente hacia los sueños postergados, a menudo fabricado reciclando materiales sobrantes de los otros puentes, aunque no por ello menos fuerte o transitable que ellos...
Pero ahí no acabó el aprendizaje: días después, lo que a priori aparecía como una situación particularmente traumática que nos tocó vivir como familia, se transformó pronto en la excusa para que varios vecinos sencillos y honestos -con los que hasta entonces apenas habíamos cruzado un saludo cortés- se acercaran a manifestarnos su empatía de múltiples maneras, construyendo así a través del diálogo un puente de solidaridad que nos permitirá a todos en el vecindario estar más comunicados y cuidarnos mutuamente.
Y el más reciente jalón en esta atípica cadena constructiva volvió a llegar a través de Paula, quien -no sin ciertas reticencias de mi parte- se acercó para colocar la piedra fundamental de un nuevo puente: la propuesta de transformar INTENSIONAL en un blog colaborativo, donde me ofrece un rinconcito para compartir periódicamente experiencias y recursos adquiridos en todos estos años de aprendizaje espiritual a partir de la vida cotidiana. Y si bien me siento honrada con la distinción e ilusionada ante el desafío, he de admitir que también me asusta un poco -corrijo, bastante- la perspectiva de una exposición virtual mucho mayor que la que modestamente esperé jamás de mis blogs personales (eso sin mencionar el pánico que me genera el compromiso de ajustarme a cronogramas, planificaciones y exigencias temporales a las que, por naturaleza, suelo huir como de la peste!). Pero al mismo tiempo, intuyo con emoción que este particular puente construido en colectivo puede representar una experiencia hondamente enriquecedora a nivel humano, principalmente porque la comunidad de mujeres que Paula ha reunido en torno a su proyecto encierra en su matriz el potencial para gestar y parir una diversidad de expresiones creativas enormemente sanadoras...
Así que allá me voy, descalza y ligera de equipaje, con las manos y el corazón abiertos, a poner mi granito de arena en el puente Intensional. A las que quieran seguirme hasta allá, sólo puedo asegurarles que serán muy bienvenidas y se encontrarán desde el principio entre amigas. A las que no quieran o no puedan, igualmente siempre estaré aquí esperándolas para continuar tendiendo puentes por este universo virtual.
¡Bendiciones!

En el Tarot, las transformaciones radicales están representadas por el Arcano XVI: LA TORRE. La imagen alegórica correspondiente nos muestra un torreón alcanzado por un rayo, cuya parte superior se desmorona entre una lluvia de rocas y escombros, mientras -en las versiones clásicas- dos figuras humanas caen al vacío desde la misma. En su significado adivinatorio, la Torre anuncia un tiempo de cambio drástico y repentino, así como la destrucción de todo tipo de estructuras que, aunque proporcionan seguridad, limitan los actos humanos; indica una profunda crisis de personalidad y derrumbamiento del yo interior y de todo cuanto éste representa.
Si bien en primera instancia creí entender que las tareas preparatorias para la construcción de nuestro futuro hogar encerraban una metáfora sobre la necesidad de hacer "limpiezas" interiores -de hábitos, de guardarropa y de pensamientos negativos- así como de "poner límites" frente a las demandas energéticas de los demás (especialmente de los dos hombres de mi vida), la Torre se presentó intempestivamente -como es su característica- en el plano que menos esperaba: mi salud. Una delicada intervención quirúrgica de urgencia, con su consiguiente período de convalecencia, me obligó a mirar desde otra perspectiva todos los planes y proyectos que hasta ese momento habían sido prioritarios. De pronto, los exigentes cronogramas constructivos elaborados a principios de año se resquebrajaban, las expectativas de mudanza rápida caían fulminadas por el rayo y la casa, que hasta entonces había sido el símbolo visible de mis objetivos inmediatos, quedaba -igual que la torre del Tarot- literalmente "descabezada"...
Claro que, como toda tormenta, ésta también amainó a su tiempo; y tímidamente volvió a salir el sol. Entonces fue hora de elaborar el reporte de daños y empezar lentamente a remover los escombros dejados por el temporal, para después reformular los bocetos y planificar el comienzo de la reconstrucción... Ahora, una vez limpio el predio donde antes se alzó la Torre, ¿qué sería prudente construir? En el plano puramente físico el objetivo estaba bien definido; pero en el plano metafísico la cosa no parecía tan clara... ¿Sería hora de erigir una nueva casa? ¿una escuela? ¿un santuario? ¿una fortaleza militar? ¿o un gran complejo edilicio que incluyera todo lo anterior?
Justo en ese momento -como muestra de la perfecta sincronía del Universo- apareció en mi horizonte Paula, una mujer brillante, multifacética en sus desmesuras y con una asombrosa capacidad de convencimiento, para invitarme a seguirla en un proyecto de transformación personal en forma de blog al que dio en llamar, evocativamente, INTENSIONAL. Entre las variadas herramientas que con generosidad ofrecía a aquellas que se atrevieran a acompañarla en el camino del autodescubrimiento y la búsqueda del bienestar, estaba un diario-bitácora donde se supone que debíamos asentar nuestros propios propósitos de cambio, así como la identificación de las creencias negativas que nos frenaban en el intento de materializarlos, y las estrategias que fuésemos capaces de diseñar para superar dichas creencias y alcanzar los objetivos. Y justamente, mientras trabajaba con afán en mi Diario Intensional, sobrevino la revelación de cuál debía ser mi próximo proyecto "constructivo"...
¡Había que tender PUENTES!
¿Cómo no se me ocurrió antes? Después de todo, parecía tan obvio... Los puentes acercan puntos aparentemente distantes, permiten alcanzar orillas antes inaccesibles, y nos transportan a salvo por encima de desfiladeros y hondonadas que a priori nos hubiesen parecido insalvables. Y yo, desde el vamos, tenía unos cuantos puentes que construir:
-el puente hacia una salud integral, levantado sobre los pilares de la alimentación natural, la actividad física recreativa y el cuidado personal interior y exterior, con especial énfasis en la erradicación de emociones tóxicas;
-el puente hacia una maternidad plena, cuya construcción implica despejar los obstáculos de la culpa y el perfeccionismo, utilizar la creatividad y la tolerancia como herramientas principales, y aceptar de plano que es una obra necesariamente realizable por etapas;
-el puente hacia la satisfacción afectiva, el cual a veces sólo requiere limpiar y reforzar los cimientos primigenios de las relaciones, sean éstas de pareja o de amistad (esos mismos que a veces por descuido o por acostumbramiento dejamos resquebrajar o invadir por la vegetación circundante);
-el puente hacia el trabajo ideal, que sólo puede sostenerse equilibrando el peso entre la pasión, la disciplina y el compromiso;
-el puente hacia la realización espiritual, el más sutil y ligero de todos, pero en última instancia el que une la totalidad de los caminos y los conduce a su destino común;
-y el puente hacia los sueños postergados, a menudo fabricado reciclando materiales sobrantes de los otros puentes, aunque no por ello menos fuerte o transitable que ellos...
Pero ahí no acabó el aprendizaje: días después, lo que a priori aparecía como una situación particularmente traumática que nos tocó vivir como familia, se transformó pronto en la excusa para que varios vecinos sencillos y honestos -con los que hasta entonces apenas habíamos cruzado un saludo cortés- se acercaran a manifestarnos su empatía de múltiples maneras, construyendo así a través del diálogo un puente de solidaridad que nos permitirá a todos en el vecindario estar más comunicados y cuidarnos mutuamente.
Y el más reciente jalón en esta atípica cadena constructiva volvió a llegar a través de Paula, quien -no sin ciertas reticencias de mi parte- se acercó para colocar la piedra fundamental de un nuevo puente: la propuesta de transformar INTENSIONAL en un blog colaborativo, donde me ofrece un rinconcito para compartir periódicamente experiencias y recursos adquiridos en todos estos años de aprendizaje espiritual a partir de la vida cotidiana. Y si bien me siento honrada con la distinción e ilusionada ante el desafío, he de admitir que también me asusta un poco -corrijo, bastante- la perspectiva de una exposición virtual mucho mayor que la que modestamente esperé jamás de mis blogs personales (eso sin mencionar el pánico que me genera el compromiso de ajustarme a cronogramas, planificaciones y exigencias temporales a las que, por naturaleza, suelo huir como de la peste!). Pero al mismo tiempo, intuyo con emoción que este particular puente construido en colectivo puede representar una experiencia hondamente enriquecedora a nivel humano, principalmente porque la comunidad de mujeres que Paula ha reunido en torno a su proyecto encierra en su matriz el potencial para gestar y parir una diversidad de expresiones creativas enormemente sanadoras...
Así que allá me voy, descalza y ligera de equipaje, con las manos y el corazón abiertos, a poner mi granito de arena en el puente Intensional. A las que quieran seguirme hasta allá, sólo puedo asegurarles que serán muy bienvenidas y se encontrarán desde el principio entre amigas. A las que no quieran o no puedan, igualmente siempre estaré aquí esperándolas para continuar tendiendo puentes por este universo virtual.
¡Bendiciones!


