"El hogar con el que siempre has soñado habita dentro de ti."
SARAH BAN BREATHNACH

viernes, 20 de febrero de 2015

Bellamente imperfecta


¡Feliz viernes, queridas amigas blogueras! Como lo prometido es deuda aquí me tienen de nuevo, esta vez para incursionar en la parte "práctica" de nuestra aventura constructiva.

Tal cual les contaba en mi crónica anterior, durante las últimas semanas nos hemos dedicado a la limpieza y cercado del terreno en torno al ranchito, previo al comienzo de la construcción propiamente dicha. Ello obedeció más a una necesidad puntual que a un plan preconcebido: al inicio el predio estaba rodeado apenas por algunos postes carcomidos y un par de hileras de alambre de púas, con lo cual a menudo ingresaban vacunos o caballos de los vecinos -que suelen pastar libremente por la zona- causando destrozos de mayor o menor cuantía. De modo que, antes de empezar cualquier obra, se imponía delimitar adecuadamente la propiedad y así asegurar los materiales y herramientas contra este tipo de "invasión ganadera" (a las visitas de los amigos de lo ajeno no es tan fácil frenarlas, pero al menos se las complicamos un poco :D )

Seré categórica en esto: no me gustan los muros, tanto menos cuanto más altos son. Sé que para muchas personas un muro de concreto es la mejor forma de preservar su privacidad y sentirse más cómodos y seguros; pero en lo personal me traen reminiscencias tétricas de cárceles, hospicios y lugares igualmente sombríos, de modo que esa posibilidad fue descartada de plano.  

La siguiente opción -impuesta por lo extenso del terreno y lo recortado del presupuesto- era la malla electrosoldada, que si bien a priori no resulta especialmente agradable a la vista, puede ser bastante bien disimulada si se la cubre con plantas trepadoras como madreselvas (Lonicera caprifolium), jazmines de Hungría (Jasminum polyanthus) o rosales silvestres. Así que sin pensarlo mucho, compramos un par de rollos de malla, unos cuantos postes curados y una buena provisión de alambre galvanizado, y allá nos fuimos alegremente a jugar a los alambradores...


Dos días, dieciséis pozos y unas cuantas ampollas en las manos después, tres de los cuatro lados del predio quedaron más o menos cercados y aptos para superar la inspección crítica de la otra mitad del equipo (que a priori se había imaginado la tarea mucho más sencilla y el resultado mucho más perfecto, aunque no contó jamás con las irregularidades del terreno y la inexperiencia de los operarios). Pero para el frente de la casa buscábamos algo que además del costo accesible, tuviera algún otro valor agregado desde el punto de vista estético; y la solución nos llegó de forma casi fortuita, a través de un montón de palets descartados por un depósito público en las afueras de la ciudad.

Acá hago otra pausa en el relato para aclarar que las cercas de palets no son ningún invento original digno del premio Nobel; de hecho, hay en Internet muchos videos y tutoriales interesantísimos sobre el tema. El primero que vimos, y que nos sirvió de inspiración, fue éste:


La idea propuesta por este señor es simple, rápida y efectiva: sólo con marcar y cortar con una sierra eléctrica, obtiene una cerca de aproximadamente 0.60 m de altura con un bonito borde en zigzag. El problema es que para aplicar este método es necesario que los palets estén completamente sanos y sean de igual tamaño; sin embargo, lo que nosotros teníamos era esto...


...una veintena de palets medio rotos y todos DIFERENTES! Así que hubo que arremangarse y encarar el proyecto de la manera difícil: desarmando los palets uno por uno para rescatar la madera aprovechable. Si alguna de ustedes lo ha intentado alguna vez, sabe por experiencia que no es "soplar y hacer botellas" (¡cuánta razón tienes, Menchu!): los palets normalmente vienen armados no sólo con clavos, sino con unas grapas largas muy complicadas de quitar... y cada palet tiene millones de ellas! Así que hubo que apelar a todas las reservas de paciencia -honestamente nunca creí que mi compañero hubiese sido bendecido con dicha virtud, hasta que lo vi pasarse tardes enteras enfrascado en esa tarea- y luego clasificar las tablas obtenidas en base a su longitud, ancho y espesor, buscando la máxima similitud posible entre tanta diversidad...

Las tablas por un lado...
...y las "patas" por otro.

Siguiente paso: armar los paneles que luego formarían el vallado. Como necesitábamos una cerca de 1 mt. de altura y la calidad de las maderas no era la mejor (muchas tenían rajaduras y/o nudos en los extremos), decidimos prescindir de la terminación en punta y en cambio hacerla recta a fin de que ambos bordes -superior e inferior- quedaran igualmente reforzados, dándole mayor estabilidad a la estructura. Elegimos las tablas más fuertes para servir de bases...


...y sobre ellas fuimos colocando y clavando en forma perpendicular las restantes (primero las de los extremos y luego las de en medio, tratando de dejar aproximadamente la misma separación entre ellas).


Cuando tuvimos varios paneles ya armados, los cargamos en nuestro viejo "correcaminos" y volvimos a la playa para comenzar el montaje...


Apoyamos el primer tramo en el mismo poste donde habíamos fijado un extremo de la malla lateral, y lo aseguramos con clavos largos; a continuación colocamos el segundo tramo y reforzamos la unión entre ambos clavando por la parte interna las "patas" de los palets (cuyo extremo inferior va cortado en forma de cuña y enterrado en el suelo unos 30 cm. aproximadamente).


Seguimos uniendo paneles de la misma forma (guiándonos por una línea de tanza colocada previamente a la altura deseada entre ambas esquinas del terreno, y verificando con el nivel la horizontalidad de cada tramo) hasta llegar a la ubicación de los portones de acceso, donde se colocaron postes de fijación enterrados a aproximadamente 0.80 mt.


Usando tablones de 15 cm. de ancho como base y las propias maderas de palets, construimos un portón de entrada de 1 mt. de ancho... 


... y dos portones de garage de 1.5 mts. cada uno.


Y así quedó finalmente instalada nuestra cerca de palets DIY (aunque todavía falta darle un par de manos de aceite quemado, para humectar la madera y hacerla más resistente a las inclemencias del tiempo). Como podrán observar si miran las fotos en detalle, no se parece demasiado a un vallado perfecto al estilo de las casas norteamericanas: en algunos tramos coexisten tablas de diferentes anchos, texturas y tonalidades, y casi todas ellas lucen aún las huellas de los clavos, grapas y sujeciones que delatan su verdadero origen. Pero lejos de afearla, esas aparentes imperfecciones en mi opinión le otorgan una personalidad y un estilo únicos, que reivindican la belleza de los años y las huellas de la experiencia... (¿mencioné ya que me siento reflejada en los detalles de esta construcción casi como si fuera un espejo mágico?)


Por eso, porque estoy realmente orgullosa tanto del resultado como de la dedicación que insumió, y porque además es una forma sumamente económica de construir un vallado para la casa, el jardín, la huerta o lo que se les ocurra, me pareció un buen aporte para debutar en la versión 2015 de los Findes Frugales... así que dentro de un rato las veo en casa de Marce!
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lunes, 16 de febrero de 2015

Trabajos preliminares

"Es esencial que nuestras metas estén a nuestro alcance y que siempre tengan un fondo de crecimiento personal. 
Si son puramente materiales no satisfarán, aunque las consigamos, el anhelo que las creó".
LOUISE HAY

Quiero empezar disculpándome por no haber estado todo lo presente que quisiera en Bloglandia durante el último mes, ni haberlas visitado con la frecuencia que solía. A esta altura he llegado a aceptar que nunca tendré la disciplina que caracteriza por ejemplo a Paula, o a las chicas de Retro, o a la propia Marcela -entre otras talentosas blogueras que sigo-, quienes se ingenian para organizar su tiempo y postear con una regularidad cuidadosamente predeterminada. Pero para alguien cuyos ritmos vitales fluyen mayormente en Kairos, acomodarse a la tiranía de Chronos -agendas, relojes, calendarios- resulta visceralmente incompatible... así que si me desaparezco por temporadas, ruego no lo tomen como una descortesía: es sólo que a veces estoy tan ocupada lidiando con la vida, que no me alcanza el tiempo para documentarla!

Verán: cuando empecé con este blog, lo hice con la única intención de registrar el "paso a paso" en la construcción de nuestra casa en Barra do Chui, desde el comienzo mismo de la aventura hasta lo que será -en un futuro no tan lejano, espero- nuestra instalación definitiva en ese lugar. No tenía más pretensión que analizar métodos constructivos tradicionales y alternativos, compartir pequeños trucos y sugerencias para edificar una vivienda digna con un presupuesto limitado, explayarme ocasionalmente sobre el estilo de vida relajado, frugal, ecológico y sustentable que hemos abrazado como familia, y ¿por qué no? soñar un poco mientras les muestro las imágenes que he ido encontrando por la red y que me inspirarán para intentar transformar una humilde cabaña en un auténtico hogar.


Sin embargo, la energía de este 2015 (que numerológicamente está signado por el 8, o sea precisamente un año de logros, resultados, beneficios y metas alcanzadas) me ha hecho reflexionar sobre el profundo simbolismo que representa para mí este proceso, aún cuando a primera vista puede parecer centrado en un objetivo meramente material. 

En efecto, en estas largas jornadas estivales transcurridas en medio de la Naturaleza, en las que alternamos horas de arduo trabajo con ratos de solaz y silencio, he llegado a comprender que estoy edificando mucho más que una casa: por primera vez en mucho tiempo -¡quizá en toda mi vida!- me he embarcado en un proceso de transformación profunda a nivel físico, mental, emocional y espiritual. De hecho, casi sin darme cuenta he empezado a reinventarme a mí misma, a construirme una nueva identidad mucho más acorde a los dictados de mi Ser Esencial...



Despejando el terreno

En este camino de renovación -como en todo proyecto constructivo-, el primer paso consistió en preparar el terreno. Para ello, me propuse arrancar de raíz las malas hierbas que se habían instalado en él a lo largo de los años (algunas tan profundamente arraigadas que se resisten porfiadamente a la azada), así como echar abajo las ruinas de edificaciones previas que -más allá de su eventual razón de ser en el pasado- ya no prestan ninguna utilidad de cara a las nuevas perspectivas.

Aquí debo desnudar el alma y hacer una confesión no muy decorosa: por diversas razones (que me reservo el derecho de no detallar en esta oportunidad), desde hace unos años a esta parte no me he cuidado a mí misma en la forma que debiera. Las excusas bajo las cuales me he escudado son numerosas: primero el bebé, que consumía la enorme mayoría de mi tiempo y energía; después el cambio de ciudad y de entorno laboral, que ya no me obligaba a mantener mi "impecable imagen de profesional exitosa"; y más tarde algunas fluctuaciones a nivel de salud -como una incipiente hipermetropía- que si bien no encerraban gravedad en sí mismas, afectaron sustancialmente mi ritmo vital y mi estado de ánimo, al punto de dejar de lado por completo cosas tan "banales" como la apariencia personal. 



Lo cierto es que la mujer que me mira hoy desde el espejo no tiene nada que ver con aquella guerrera audaz, asertiva, sofisticada y seductora que supe ser -dentro y fuera de los tribunales- apenas una década atrás. Y lo peor del caso es que lo he venido procesando con una mezcla fatal de culpa y resignación: por un lado, la vocecita interior susurrándome que debería renovar mi guardarropa, probar un nuevo estilo de peinado, volver a maquillarme -al menos los ojos, como tanto me gustaba-, comer más sano o retomar mi práctica de yoga ("debería, debería, debería... ¿según quién?", pregunta Louise Hay); por otro, el fantasma de la procrastinación sentenciando implacablemente: "cuando adelgace 10 kilos" (traducción: "me odio a mí misma por estar gorda"), "cuando me aumenten el sueldo" (traducción: "me odio a mí misma por no ganar lo suficiente"), "cuando me sienta con más energía" (traducción: "me odio a mí misma por ser tan haragana y falta de voluntad") y un largo rosario de etcéteras... Pero este año, curiosamente, las señales del Universo parecen haberse confabulado para darme un categórico NO VA MÁS. 


Empecé de afuera hacia adentro: primero fui invitada a participar de un cursillo gratuito online titulado Dressing Your Truth (en español sería algo así como "vistiendo tu verdad"), el cual forma parte de un método creado por la terapeuta energética y escritora Carol Tuttle. Si bien a priori soy bastante escéptica respecto a seminarios, libros o shows televisivos donde supuestos "expertos" te dicen cómo tienes que vestirte o arreglarte para ser más chic (he visto algunos en Internet que llegan a transformarse en verdaderas sectas del estilo, donde no se permite realizar la mínima objeción a los consejos y sugerencias del gurú de turno), debo admitir que este cursillo simple y aparentemente frívolo me confrontó con una sorprendente revelación: aquellas imágenes que suelo evocar con nostalgia -la abogada agresiva enfundada en estructurados tailleurs y maquillada en colores intensos, o la treintañera recién divorciada yendo a bailar con minifaldas de jean, tacos altísimos y el pelo teñido de rojo fuego- no respondían en realidad a mi esencia más profunda, sino que eran simplemente el vestuario adecuado para actuar el papel de turno; o dicho en otras palabras, las "armaduras" que adopté en su momento para generarme la autoconfianza que estaba muy lejos de sentir, tanto a nivel del trabajo como a nivel de relaciones personales. En puridad, la verdadera yo no tiene nada de osada o de "sex-symbol"; por el contrario, es un ser más bien tímido, introvertido, sensible y espiritual... ¿Por qué, entonces, son tan contadas las personas que realmente conocen ese aspecto de mi personalidad? ¡Porque desde siempre me moví condicionada por las expectativas del "afuera", por los conceptos dominantes de lo que era "política y socialmente correcto", o por lo que creía necesario para atraer al "verdadero amor"! (todos ellos mitos urbanos cuya falacia el tiempo y la experiencia se han encargado de desenmascarar...)

Fuente

De modo que, a partir de esta constatación tan elemental y a la vez tan removedora, decidí que se imponía una profunda limpieza en mi guardarropa: todo lo que no vaya con mi estilo auténtico, todo lo que me recuerde a esos personajes que ya no quiero representar, todo lo que me haga sentir de algún modo "disfrazada", "falsa" o simplemente "otra persona", tiene que irse YA de mi armario; y también deben desaparecer esas prendas que guardo "para cuando esté más flaca" o "para cuando tenga la panza más plana". En adelante me vestiré para mí, honrando mi cuerpo tal y como es ahora -no como era diez años atrás, ni como pueda llegar a ser en el futuro-; usaré el pelo suelto cada vez que se me antoje, sin importar si es o no "apropiado" para mi edad; y sólo elegiré formas y texturas que me hagan sentir cómoda en mi propia piel, aunque no las vendan en ninguna boutique exclusiva y tenga que acabar -como es habitual- encontrándolas en las second hand o directamente haciéndolas yo misma...

Mas cuando todavía estaba inmersa en este asunto de la imagen personal, una nueva invitación me sacudió a un nivel mucho más profundo: fui convocada a participar de la Bendición Mundial del Útero promovida por la escritora, artista y maestra espiritual británica Miranda Gray para la Luna Llena del 3 de febrero. 

A pesar del nombre impactante, el asunto no tiene nada de complejo; es una meditación sencilla (de hecho se descarga de Internet) que las mujeres pueden realizar solas o en grupos, y que se coordina en determinados horarios comunes para todos los países del mundo a fin de concentrar y multiplicar la energía. Pero para mí significó una experiencia sumamente enriquecedora desde diversos puntos de vista: por un lado, me reconectó con el profundo poder sanador de la Energía Universal, que tan bien conozco dada mi formación como terapeuta Reiki nivel III, pero de la que en cierto modo últimamente me había distanciado en aras de una postura más "escéptica" y "racional" (¿políticamente correcta, tal vez?). Por otro lado, me trajo entrañables recuerdos de las meditaciones que solíamos compartir cada Luna Llena con un grupo de amigas, allá en mi ciudad natal; y de pronto comprendí que llevo demasiado tiempo aislada de esas "hermanas elegidas" que me ha dado la vida, y que tal vez hoy -no mañana, o la semana que viene- es el momento perfecto para hacer esa llamada o escribir ese email que he venido postergando durante semanas... Y finalmente, al conectarme con esa energía poderosa, generadora, dulce, nutritiva y pacificadora que nos define en tanto mujeres, comprendí que es hora de prestar más atención a su manifestación primigenia (el útero físico, soporte de la "matriz" espiritual). 


Me explico: hace cinco años, durante la cesárea, me detectaron una serie de pequeños fibromas cuya escasa entidad llevó a que únicamente se me aconsejara un control periódico, que realicé los tres primeros años sin que dichas formaciones intrauterinas registraran ningún tipo de variación. No obstante, durante los últimos meses he venido detectando un endurecimiento bastante sospechoso a nivel del abdomen, y hoy por hoy la protuberancia -del tamaño aproximado de una pelota de tenis- se percibe fácilmente al tacto; pero por alguna razón, hasta ahora me negué sistemáticamente a afrontar tanto el malestar físico como la creencia negativa que probablemente le diera origen (Louise Hay es muy explícita al respecto en su libro "Sana tu cuerpo", pero aunque lo he recomendado enfáticamente a varias amigas con problemas de salud, no soy tan prolija a la hora de aplicar lo que predico!). 

Sin embargo, esta meditación tan especial me hizo comprender que es hora de tomar acción y empezar a cuidar en serio tanto mi físico como mis emociones, no sólo para sanar esta dolencia en particular, sino sobre todo para dejar atrás la pauta negativa a la que está asociada y por tanto prevenir que no vuelva a manifestarse a través de una nueva enfermedad...


Así que, como ven, el proceso de limpieza ha sido escabroso, y por momentos radical: había mucho terreno por nivelar, mucho escombro por remover, muchos miedos y preconceptos por desafiar, antes de poder empezar a demarcar los cimientos del futuro Hogar del Alma. Pero la parte buena es que he contado con herramientas idóneas para encarar la tarea -aunque algunas pudieran estar un poco oxidadas por el no uso-, e incluso, si fuera menester, con "ayudantes de lujo" como estas maestras que la sincronicidad ha traído para echarme una mano.

Poniendo límites

Lo cual nos lleva al siguiente paso en el proceso constructivo: cercar el predio. Ya se sabe cómo es: cuando uno no tiene bien delimitados los espacios propios, es común que sean invadidos por terceros que, aún sin mala intención, se apropian de nuestro tiempo y energía en pro de sus intereses o necesidades particulares. Así que, una vez desmalezado el terreno y barridos los escombros, había que levantar una cerca que dejara bien en claro hasta dónde pueden ir los demás sin irrumpir en nuestro dominio...

Los límites pueden ser de varias clases: rígidos o flexibles, naturales o artificiales, reales o meramente simbólicos; pero lo importante es que todos los involucrados comprendan con precisión y sin lugar a dudas sus alcances, para evitar malentendidos a futuro. Y también que, llegado el momento en que una de las partes traspase deliberada o accidentalmente las fronteras establecidas, la otra parte tenga la vehemencia suficiente para protestar y exigir el respeto de su derecho... Y es en este último punto donde he detectado mis carencias principales, sobre todo en lo que respecta a los dos amores con quienes comparto mis días.



El hombre adulto de la familia me acusa a menudo de ser una usurpadora de espacios, dada mi manía -a esta altura incurable- de ir regando cosas por cuanto sitio libre haya en la casa (ejemplo típico: llegar de la calle y dejar el saco colgado en la silla, los libros encima de la mesa, el bolso sobre el sofá, los lentes en la repisa de la chimenea y las llaves... pues vaya usted a saber dónde).  De lo que aparentemente no se da cuenta, es de que él hace lo propio pero con el tiempo: para empezar, ambos trabajamos en casa, lo cual implica una convivencia REAL 24/7, sin el "alivio" que otras parejas se conceden mutuamente al permanecer varias horas fuera del hogar por sus respectivas obligaciones laborales. Pero además, sus tareas siempre parecen ser más importantes, urgentes o impostergables que las mías, de tal manera que al grito de "¿Podés venir un segundo?", más me vale dejar cualquier cosa que tenga entre manos -sea el borrador de un post, un vestido lleno de alfileres, una ventana a medio pintar o la masa de la pascualina- y acudir raudamente al llamado, sin caer en la tentación de mencionar siquiera en broma que su actitud me parece descortés y/o egoísta, bajo pena de tener que soportar una agria cara enfurruñada por lo que resta del día... (¡sí, porque encima es rencoroso el buen señor!) 



Por su parte, el hombrecito-en-ciernes parece no tener claro todavía que en el concepto de "mamá" NO NECESARIAMENTE están implícitos el de limpiadora, enfermera, cocinera, ayuda de cámara, organizadora, animadora infantil, narradora, maestra preescolar, superheroína, agente secreto, astronauta y bruja malvada (¿o será una servidora quien no lo tiene claro realmente?). De ahí que todavía, con cinco años cumplidos, no es capaz de pasar diez minutos seguidos sin expresar algún tipo de demanda: "Mamá, ayúdame a ponerme los pantalones." "Mamá, quiero la leche". "Mamá, ¿me lees el cuento?". "Mamá, me picó un mosquito". "Mamá, ¿dónde está mi tijera verde?" (¡olvidé mencionar que heredó los genes maternos del despiste y el desorden compulsivo!) Y allá corre angustiosamente mamá-culposa a apagar el incendio de turno, mientras se pregunta si realmente tiene derecho a reclamar después de haber decidido tener un hijo único, y encima educarlo en casa...


A esta altura se estarán preguntando si realmente disfruto mi papel de mártir de la tiranía masculina (cuando en realidad, como decimos por acá, "no tiene la culpa el chancho sino el que le rasca el lomo"). La respuesta es que NO, no lo disfruto; de hecho por momentos llega a enfermarme físicamente. Pero son esquemas tan arraigados en mi mente, que muchas veces me sorprendo repitiéndolos de forma automática, sin siquiera cuestionarme si son justos o no... Y sin embargo, en el fondo sé que tengo derecho a que mis tiempos personales sean respetados sin que se me pasen facturas rayanas en el chantaje emocional.

Así que conjuntamente con la delimitación de nuestro predio, este mes decidí erigir mis propios cercos de protección: para empezar, me regalé un mini reproductor mp3 (de esos que se prenden en la solapa o en el bolsillo) y lo cargué con afirmaciones positivas, meditaciones y mi música relajante predilecta; a continuación, dejé bien en claro que cuando me vean "enchufada" con los auriculares significa que estoy en usufructo de MI tiempo (y por consiguiente sólo se permite interrumpirme en casos de riesgo de vida o incendio de la casa). 



Al hombre adulto le puntualicé además que si no estoy de acuerdo con determinadas actitudes de su parte, ya no voy a callármelo sólo "por no herir su susceptibilidad"; y al pequeño, le expliqué que a su edad hay muchas cosas que puede hacer por su cuenta (especialmente buscar la tijera verde), sin tener que recurrir a la ayuda de mamá-multifunción... Tal vez no parezca gran cosa, pero es un comienzo; y aunque el sistema lleva poco tiempo de implantado, ya me ha permitido disponer de ratos preciosos para dedicar a actividades que me nutren el espíritu como el Art Journaling, mi última pasión (gracias de nuevo, Isabel, por el aliento y la inspiración!).



Y hasta aquí llega mi crónica de hoy; espero no haberlas aburrido con estas divagaciones, y para las próximas entregas prometo volver a centrarme en la casa propiamente dicha, que es en definitiva el objetivo primordial del blog. ¡Buena semana para todas!

NOTA AL MARGEN: las imágenes que ilustran la última parte de esta entrada corresponden a la construcción de nuestra flamante cerca de palets DIY, sobre la cual me explayaré el viernes cuando me reincorpore oficialmente a los "Findes Frugales"...
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