¡Feliz viernes, queridas amigas blogueras! Como lo prometido es deuda aquí me tienen de nuevo, esta vez para incursionar en la parte "práctica" de nuestra aventura constructiva.
Tal cual les contaba en mi crónica anterior, durante las últimas semanas nos hemos dedicado a la limpieza y cercado del terreno en torno al ranchito, previo al comienzo de la construcción propiamente dicha. Ello obedeció más a una necesidad puntual que a un plan preconcebido: al inicio el predio estaba rodeado apenas por algunos postes carcomidos y un par de hileras de alambre de púas, con lo cual a menudo ingresaban vacunos o caballos de los vecinos -que suelen pastar libremente por la zona- causando destrozos de mayor o menor cuantía. De modo que, antes de empezar cualquier obra, se imponía delimitar adecuadamente la propiedad y así asegurar los materiales y herramientas contra este tipo de "invasión ganadera" (a las visitas de los amigos de lo ajeno no es tan fácil frenarlas, pero al menos se las complicamos un poco :D )
Seré categórica en esto: no me gustan los muros, tanto menos cuanto más altos son. Sé que para muchas personas un muro de concreto es la mejor forma de preservar su privacidad y sentirse más cómodos y seguros; pero en lo personal me traen reminiscencias tétricas de cárceles, hospicios y lugares igualmente sombríos, de modo que esa posibilidad fue descartada de plano.
La siguiente opción -impuesta por lo extenso del terreno y lo recortado del presupuesto- era la malla electrosoldada, que si bien a priori no resulta especialmente agradable a la vista, puede ser bastante bien disimulada si se la cubre con plantas trepadoras como madreselvas (Lonicera caprifolium), jazmines de Hungría (Jasminum polyanthus) o rosales silvestres. Así que sin pensarlo mucho, compramos un par de rollos de malla, unos cuantos postes curados y una buena provisión de alambre galvanizado, y allá nos fuimos alegremente a jugar a los alambradores...
Dos días, dieciséis pozos y unas cuantas ampollas en las manos después, tres de los cuatro lados del predio quedaron más o menos cercados y aptos para superar la inspección crítica de la otra mitad del equipo (que a priori se había imaginado la tarea mucho más sencilla y el resultado mucho más perfecto, aunque no contó jamás con las irregularidades del terreno y la inexperiencia de los operarios). Pero para el frente de la casa buscábamos algo que además del costo accesible, tuviera algún otro valor agregado desde el punto de vista estético; y la solución nos llegó de forma casi fortuita, a través de un montón de palets descartados por un depósito público en las afueras de la ciudad.
Acá hago otra pausa en el relato para aclarar que las cercas de palets no son ningún invento original digno del premio Nobel; de hecho, hay en Internet muchos videos y tutoriales interesantísimos sobre el tema. El primero que vimos, y que nos sirvió de inspiración, fue éste:
La idea propuesta por este señor es simple, rápida y efectiva: sólo con marcar y cortar con una sierra eléctrica, obtiene una cerca de aproximadamente 0.60 m de altura con un bonito borde en zigzag. El problema es que para aplicar este método es necesario que los palets estén completamente sanos y sean de igual tamaño; sin embargo, lo que nosotros teníamos era esto...
...una veintena de palets medio rotos y todos DIFERENTES! Así que hubo que arremangarse y encarar el proyecto de la manera difícil: desarmando los palets uno por uno para rescatar la madera aprovechable. Si alguna de ustedes lo ha intentado alguna vez, sabe por experiencia que no es "soplar y hacer botellas" (¡cuánta razón tienes, Menchu!): los palets normalmente vienen armados no sólo con clavos, sino con unas grapas largas muy complicadas de quitar... y cada palet tiene millones de ellas! Así que hubo que apelar a todas las reservas de paciencia -honestamente nunca creí que mi compañero hubiese sido bendecido con dicha virtud, hasta que lo vi pasarse tardes enteras enfrascado en esa tarea- y luego clasificar las tablas obtenidas en base a su longitud, ancho y espesor, buscando la máxima similitud posible entre tanta diversidad...
| Las tablas por un lado... |
| ...y las "patas" por otro. |
Siguiente paso: armar los paneles que luego formarían el vallado. Como necesitábamos una cerca de 1 mt. de altura y la calidad de las maderas no era la mejor (muchas tenían rajaduras y/o nudos en los extremos), decidimos prescindir de la terminación en punta y en cambio hacerla recta a fin de que ambos bordes -superior e inferior- quedaran igualmente reforzados, dándole mayor estabilidad a la estructura. Elegimos las tablas más fuertes para servir de bases...
...y sobre ellas fuimos colocando y clavando en forma perpendicular las restantes (primero las de los extremos y luego las de en medio, tratando de dejar aproximadamente la misma separación entre ellas).
Cuando tuvimos varios paneles ya armados, los cargamos en nuestro viejo "correcaminos" y volvimos a la playa para comenzar el montaje...
Apoyamos el primer tramo en el mismo poste donde habíamos fijado un extremo de la malla lateral, y lo aseguramos con clavos largos; a continuación colocamos el segundo tramo y reforzamos la unión entre ambos clavando por la parte interna las "patas" de los palets (cuyo extremo inferior va cortado en forma de cuña y enterrado en el suelo unos 30 cm. aproximadamente).
Seguimos uniendo paneles de la misma forma (guiándonos por una línea de tanza colocada previamente a la altura deseada entre ambas esquinas del terreno, y verificando con el nivel la horizontalidad de cada tramo) hasta llegar a la ubicación de los portones de acceso, donde se colocaron postes de fijación enterrados a aproximadamente 0.80 mt.
Usando tablones de 15 cm. de ancho como base y las propias maderas de palets, construimos un portón de entrada de 1 mt. de ancho...
Y así quedó finalmente instalada nuestra cerca de palets DIY (aunque todavía falta darle un par de manos de aceite quemado, para humectar la madera y hacerla más resistente a las inclemencias del tiempo). Como podrán observar si miran las fotos en detalle, no se parece demasiado a un vallado perfecto al estilo de las casas norteamericanas: en algunos tramos coexisten tablas de diferentes anchos, texturas y tonalidades, y casi todas ellas lucen aún las huellas de los clavos, grapas y sujeciones que delatan su verdadero origen. Pero lejos de afearla, esas aparentes imperfecciones en mi opinión le otorgan una personalidad y un estilo únicos, que reivindican la belleza de los años y las huellas de la experiencia... (¿mencioné ya que me siento reflejada en los detalles de esta construcción casi como si fuera un espejo mágico?)
Por eso, porque estoy realmente orgullosa tanto del resultado como de la dedicación que insumió, y porque además es una forma sumamente económica de construir un vallado para la casa, el jardín, la huerta o lo que se les ocurra, me pareció un buen aporte para debutar en la versión 2015 de los Findes Frugales... así que dentro de un rato las veo en casa de Marce!
