"El hogar con el que siempre has soñado habita dentro de ti."
SARAH BAN BREATHNACH

jueves, 15 de enero de 2015

En sus marcas...


"Antes de que una pintora comience una nueva obra, debe realizar una serie de preparativos. Probablemente ha hecho un boceto de la escena que trata de plasmar. Mezcla sus pigmentos para obtener los colores que desea. También prepara el lienzo con una capa de fijador para que los colores se adhieran. Todo ello requiere tiempo
Por supuesto, cuando contemplamos la obra terminada no vemos los preparativos. Sólo percibimos la totalidad de la visión de su autora."
SARAH BAN BREATHNACH

¡Feliz comienzo de año para todas!

Como he comentado en mis visitas a varias de ustedes, técnicamente por aquí estamos de vacaciones; ello implica que permanezcamos gran parte de nuestro tiempo en el ranchito de la playa, lo cual nos permite paliar el intenso calor estival con refrescantes chapuzones en el mar. 

Han pasado casi dos años desde que compramos ese pedacito de terreno en la franja costera, y ya el verano pasado (aún en condiciones muy precarias) supimos disfrutar de su tranquilidad y bello entorno natural. Sin embargo, este año la estadía tiene un tinte diferente: es que, desde que nos hemos propuesto transformarlo a la brevedad en nuestro hogar permanente, no paramos de planificar, hacer cálculos y discutir detalles de cómo será la futura casa...

Pero comencemos la historia por el principio: dónde y cómo es nuestro pequeño refugio. Ubicado literalmente en el borde del mapa de Brasil (como anécdota, durante la última campaña electoral la presidenta Dilma se fotografió en este lugar para demostrar que había llegado hasta el último rincón de su extenso país), el balneario Barra do Chui es el "gemelo tranquilo" de su homónimo en español, que se encuentra del lado uruguayo de la frontera y se caracteriza por su dinámica vida nocturna. Si bien cuenta con un buen número de pobladores estables, es en la época veraniega cuando realmente florece, recibiendo miles de turistas -tanto brasileños como uruguayos, y últimamente no pocos argentinos- que llegan atraídos por su aspecto todavía agreste, su prolija oferta inmobiliaria y sobre todo su amplia y serena playa, que se abre hacia el océano como ofreciéndole un gigantesco abrazo.


Nuestra propiedad se encuentra a unas diez cuadras de la línea costera y a dos de la carretera de acceso al balneario, en una manzana poco poblada y rodeada de bosques de pinos y acacias.

Imágenes: Googlemaps

Se trata de un predio con algo más de 300 metros cuadrados de superficie, ubicado en una esquina (aunque la calle lateral es apenas una senda trazada por los vehículos que circulan) y con una precaria construcción de material consistente en una habitación de 4.30 por 2.10 metros, junto a una más pequeña de 2.70 por 1.30 que supuestamente estaba proyectada como baño. Así la encontramos la primera vez, en abril de 2013:


Y este era el aspecto que ofrecía el interior:


Como pueden apreciar, a priori la "casita" no se veía muy prometedora; carecía de luz eléctrica, agua corriente y hasta de contrapiso. Ello no nos amilanó, sin embargo; tras una concienzuda limpieza y una rudimentaria división de los ambientes con cortinas -instalamos un inodoro químico y una palangana en la parte correspondiente al baño, así como una pequeña cocina a gas, una mesa plegable y unos casilleros de refresco a modo de bancos- nos dispusimos a veranear "onda camping", acarreando agua del pozo de un vecino, cenando a la luz de las velas y pernoctando dentro de una carpa armada en el ambiente más grande (seré muy naturista y todo lo que quieran, pero la perspectiva de compartir cama con arañas, ranas, grillos, hormigas y otros bichitos "autóctonos" que se resisten al desalojo era más de lo que mis nervios podían tolerar...)

Los proyectos que surgieron durante esas largas nochecitas veraniegas fueron muchos: que si aprovechar el extenso terreno para construir cabañas de alquiler, o desarrollar un centro de terapias alternativas, o un atelier de arte, o un local de artesanías y muebles reciclados; incluso consideramos inventar un rústico parador/pizzería, para ofrecer en la temporada turística un rincón pintoresco donde saborear comidas caseras en un ambiente relajado, lejos del bullicio de las calles principales del balenario... Pero la realidad económica de la que les comentaba en el otro blog nos condicionó fuertemente a lo largo de 2014; y para diciembre, apenas habíamos logrado hacer los contrapisos de cemento y conectar los servicios públicos, así como añadir algunos muebles viejos (un sofá cama, sillas y sillones), lo cual si bien mejoró notoriamente la calidad de nuestras estancias en "el ranchito", distaba una enormidad de los sueños iniciales.

Debo señalar en este punto que a pesar de lo primitivo del alojamiento, el sitio cuenta con unos cuantos argumentos a favor: su entorno verde proporciona un auténtico relax para la vista y el espíritu...


...la frutería está apenas a unos pasos, siempre bien surtida con productos frescos...


...hay un lavadero de primera categoría (especializado en ropa blanca)...


...y por si eso fuera poco, cuenta con un parque infantil lleno de actividades entretenidas!


Tal vez haya sido este último factor el que nos decidió a "dar el salto" y encarar la posibilidad de transformar nuestra chalet de veraneo en residencia permanente: la felicidad que vemos pintarse en el rostro del Principito cuando se despierta en este pequeño paraíso, lejos de la televisión y la internet pero cerquita de la aventura, la exploración y el descubrimiento continuos...

Avispas construyendo un panal en el marco de nuestra ventana

Claro que, una vez tomada la decisión y comenzados los preparativos, aparecieron un par de inconvenientes menores: por un lado, hubo que solicitar a la municipalidad la correcta delimitación del terreno -que en principio estaba invadiendo parte de la calle lateral- con lo cual resultó que las construcciones existentes se encuentran prácticamente en la línea de la misma; por otro lado, cuando consultamos a un rabdomante de la zona en procura de una corriente subterránea que nos permitiera cavar un pozo artesiano (y así obtener agua potable de mejor calidad), resultó que a pesar de su extensión el predio no cuenta con agua en su subsuelo, y la veta más cercana se encuentra a unos dos metros del límite, pero en el extremo opuesto a donde se hallan las edificaciones actuales. Estos factores, sumados a las limitaciones presupuestales, han provocado que debamos reformular una y otra vez el proyecto constructivo para adaptarlo a nuestras posibilidades, sin resignar completamente ni la estética, ni nuestros principios de sustentabilidad y ecología.

En el tema de materiales, por ejemplo, la discusión ha sido amplia: mi intención inicial era levantar una construcción en piedra, similar a las que aún se ven en zonas rurales de España, Inglaterra y Francia...

Fuente

...o de barro y paja, emulando las primitivas viviendas de nuestros antepasados...

Fuente

...pero la ausencia de tales materiales en la zona costera y los costos prohibitivos que implicaría trasladarlos desde otro lugar, nos hicieron desistir de tales fantasías. Fue entonces que nos decantamos por aplicar un criterio práctico: lo que abunda por aquí y a precios accesibles es la madera (la forestación, lamentablemente, se ha extendido masivamente por estas regiones, invadiendo gran parte de lo que otrora fueron fértiles campos agrícolas), así que comenzamos a explorar el mercado de viviendas en este material. Fue así que dimos con este lindo proyecto, ofrecido en un conocido sitio de compra-venta por Internet:


Ventajas: te venden el kit completo, con todas las piezas cortadas a medida para que la armes según las instrucciones, como si fuera un rompecabezas; la construcción lleva apenas unos días. Desventajas: las dimensiones de los ambientes son reducidas (opción no muy adecuada para gente que tiene antiguos muebles reciclados de los que no se quiere desprender); la empresa que las vende tiene sede en Montevideo, lo cual implica pagar un flete de 400 km que encarece notablemente el costo inicial.

Llegados a esta encrucijada, una tarde "la otra mitad del equipo" sugirió, con aire pensativo:

- ¿Y si compramos la madera y la hacemos nosotros mismos?

Lo miré con una mezcla de admiración y espanto: si bien conozco su experiencia en albañilería tradicional, la construcción en madera le es tan desconocida como la técnica para preparar sushi...

- ¿Qué tan difícil puede ser? -insistió- Resulta que estuve mirando unos videos en internet, y para mí no tiene misterio: es cuestión de medir, cortar y clavar. 

Como todavía no me convencía, nos pusimos a ver juntos los dichosos videos. Y sí, debí admitir que no era tan diferente de lo que hacemos con frecuencia en el taller, sólo que a una escala un poco mayor; con el valor agregado de que por el mismo precio -o menos- podríamos construir una casa de las dimensiones adecuadas a nuestras necesidades. Pero lo que terminó de decidirme fue una venturosa "coincidencia": la persona que se presentó interesada en adquirir el ómnibus que alguna vez pensamos convertir en motorhome trabaja precisamente en el rubro maderero, y nos ofreció permutar nuestro veterano de las rutas por un no menos vetusto jeep Landrover... ¡y pagarnos la diferencia en maderas de construcción! Como se imaginarán, la brujita que vive en mí no pudo menos de interpretarlo como "una señal del destino" y aceptar de buen grado el desafío...

El Principito posa junto a nuestro nuevo compañero de aventuras

Así que en eso estamos justo ahora: diseñando un proyecto propio de cabaña que, siguiendo el modelo básico que tanto nos gustó, se adapte a las características del terreno (tratando de aprovechar algo de lo que hay ya construido), a las medidas y cantidad de madera que obtuvimos del negocio, y a la que podemos conseguir a nivel local dentro de nuestro presupuesto. Pero como ya me extendí mucho más de lo que pretendía en esta etapa de presentación, mejor dejo los detalles de este asunto para la próxima anotación de bitácora... 

¡Que tengan una buena semana, y será hasta otra incursión temporal por la civilización! (léase "retorno a la ciudad y al WiFi")
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domingo, 28 de diciembre de 2014

Acerca del título

Apuesto que a algunas de ustedes -especialmente quienes me conocen por mi blog primero y más "clásico", La buhardilla de Kassandra- les sorprendió que el título escogido para este nuevo blog fuese en inglés. 

Ello no obedece al azar ni a un capricho snob: por el contrario, hace referencia a una expresión que descubrí hace unos cuantos años, leyendo el maravilloso libro del poeta irlandés John O´Donohue "Anam Cara: a book of Celtic wisdom" (años más tarde lo descargaría de Internet en español, pero hallé que en la traducción se perdía mucho de la musicalidad y poesía del original). 


Allí, el autor expresa una frase que me pareció sublime:

"When you learn to love and to let your self be loved, you come home to the hearth of your own spirit.  You are warm and sheltered.  You are completely at one in the house of your own longing and belonging".  [Cuando aprendes a amar y a permitir que tu yo sea amado, vuelves al hogar de tu propio espíritu. Estás abrigado y a salvo. Alcanzas la integridad en la casa de tus anhelos y a la que perteneces.]

Tiempo después, de una forma muy sincrónica y gracias (¡cuando no!) a Sarah Ban Breathnach, volví a leer aquella frase, pero usada en un contexto ligeramente distinto: ella la utiliza para hacer referencia al hogar de nuestros sueños. 

Sarah Ban Breathnach

"Las asociaciones sagradas llegan a nuestra vida en muchas formas diferentes", explica. "A veces, en vez de ser de carne y hueso, son de madera y piedra. The House of Belonging [la casa a la que pertenecemos] es una antigua metáfora celta para designar el cuerpo como casa terrena de nuestra alma, así como de la paz profunda y del sentimiento de seguridad, alegría y satisfacción que se dan en las relaciones íntimas con personas y lugares."

"Todos tenemos una casa a la que pertenecemos, que nos aguarda. Espera que la construyamos, que la encontremos, que la reformemos, que la limpiemos. Espera que estemos preparadas para enamorarnos profunda y locamente."

En el caso de Sarah, su loca pasión la llevó a cruzar literalmente el océano y cambiar la ajetreada vida norteamericana por una mucho más bucólica y modesta en la campiña inglesa, cuando descubrió "causalmente" lo que alguna vez fue la capilla privada de Isaac Newton, hoy convertida en encantadora casita campestre. Y aunque años más tarde -debido a un desastroso divorcio- debió vender dicha propiedad para volver a los Estados Unidos, estoy segura de que en su fuero íntimo sigue considerando a la capilla de Newton como el verdadero "hogar al que pertenece"...

La capilla de Newton

Por eso, cuando pensé en un título para este blog no hallé otro mejor que esa expresión; y decidí usarla en su idioma original por no haber encontrado una traducción que a mi gusto refleje su auténtica riqueza y profundidad (aunque a menudo me oirán referirla, en una versión libre, como "el Hogar del Alma"). 

Para ser franca, ignoro si este sitio en concreto y la casa que planeamos construir en él será el "hogar definitivo" donde hallar -desde el punto de vista metafísico- la paz tan necesaria para el cuerpo y el espíritu; no obstante, encaro la parte práctica de la aventura con el mayor de los entusiasmos, convencida de que en este momento y lugar es todo cuanto necesito para mí y mi familia, y que al fin de cuentas, lo mejor que una mujer puede legarle al mundo que la rodea es "florecer justo donde está plantada"...

Azucenas que crecen libremente en el frente de nuestro terreno.

Para quienes lleguen aquí sin haber leído previamente el último post en la Buhardilla, les cuento de qué va la cosa: se trata de ir documentando el "paso a paso" en el diseño y construcción de nuestra casa soñada cerca del mar -como si se tratara de un diario personal, o mejor aún, de una bitácora de viaje ilustrada-, incluyendo notas de inspiración y fotos de los progresos que vayamos logrando, pero también mis pensamientos e impresiones personales en cada pequeño avance hacia la concreción de nuestro proyecto, así como consejos y tips que puedan ser de utilidad a otras personas dispuestas a embarcarse en una propuesta similar.  

Los principios rectores en este proceso serán, en gran medida, los mismos que hemos aprendido y compartido hasta ahora con mi compañero y mi hijito: aguzaremos el ingenio para construir de la forma más ecológica y frugal posible, mezclando técnicas de construcción tradicionales y alternativas, y haciendo nosotros mismos la mayor parte del trabajo, a fin de emplear el mínimo de mano de obra contratada. Reciclaremos, reutilizaremos y renovaremos tantos materiales como podamos, utilizando elementos del medio que puedan extraerse sin depredar, y aprovechando las condiciones naturales -sol, lluvia, desniveles del terreno, vegetación nativa- para obtener de ellos el máximo beneficio. Apostaremos a rodear nuestro hogar de un entorno verde (jardines, árboles frutales, hierbas aromáticas, huerta orgánica, invernáculo para especies delicadas, estanque para plantas acuáticas) y habrá también espacios propios para nuestros amados animales de compañía, incluyendo las gallinas que contarán con un marco natural y saludable para su óptimo desarrollo. 


Pero además -y este es un compromiso que asumo a título estrictamente personal- pretendo crear en ese pequeño rincón del mundo un auténtico SANTUARIO de Belleza, Serenidad y Armonía. Es que mis dos amores (hombres al fin) comparten una visión totalmente pragmática de la realidad: sólo consideran importante rodearse de cosas útiles. Y admito que durante mucho tiempo, yo misma he sucumbido a la tiranía de ciertos materiales -por ejemplo el plástico- por su innegable practicidad, aun cuando su aspecto atenta contra el más elemental sentido de la estética (sin mencionar sus efectos nocivos sobre el ambiente). Sin embargo, he terminado por aceptar que mi sensible Alma femenina sólo puede crecer y florecer propiamente cuando está rodeada de Belleza; de modo que en este nuevo reto que tengo por delante me propongo aplicar al pie de la letra la famosa frase de Elsie de Wolfe: "Voy a hacer que todo a mi alrededor sea hermoso; esa será mi vida"...

De modo que sólo me resta darles la más cordial de las bienvenidas, expresarles mi profunda gratitud por acompañarme en este nuevo camino, y decir con alegría: "¡Manos a la obra!"

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