Supongo que, como en todas las cosas de la vida, debe haber una manera "correcta" de encaminar un proyecto constructivo (de lo contrario no habría tanta gente quemándose las pestañas durante años en la facultad de Arquitectura). Pero junto al camino técnicamente idóneo corren una serie de senderos más o menos paralelos, de métodos o procedimientos sui generis que personas como nosotros, ajustados a un presupuesto implacable, van explorando en el camino hacia la vivienda propia...
Es así que durante las últimas semanas, nuestro entusiasmo ha sido puesto a prueba por un par de factores externos de no poco peso: por un lado, las trabas burocráticas al préstamo bancario que debía financiar la parte "gruesa" de la obra; y por otro, una inesperada huelga de camioneros en Brasil que determinó la ausencia de madera en los mercados locales.
En otras palabras: el orden lógico que habíamos pensado seguir en un principio (construir primero el área social, luego las áreas de servicio y después el piso superior con los dormitorios) fue alterado por estos dos imprevistos, y de pronto nos vimos en la alternativa de parar la construcción a la espera de vientos más favorables, o empezar a trabajar "con lo que teníamos a mano"... ¡y desde luego esto último fue precisamente lo que hicimos! Tomando como base la pequeña edificación ya existente, decidimos comenzar los trabajos por el lugar más privado de todos (y el único que, por su función, debe necesariamente estar construido de bloques y cemento): el baño.
En otras palabras: el orden lógico que habíamos pensado seguir en un principio (construir primero el área social, luego las áreas de servicio y después el piso superior con los dormitorios) fue alterado por estos dos imprevistos, y de pronto nos vimos en la alternativa de parar la construcción a la espera de vientos más favorables, o empezar a trabajar "con lo que teníamos a mano"... ¡y desde luego esto último fue precisamente lo que hicimos! Tomando como base la pequeña edificación ya existente, decidimos comenzar los trabajos por el lugar más privado de todos (y el único que, por su función, debe necesariamente estar construido de bloques y cemento): el baño.
En el ámbito urbano, donde normalmente existen servicios públicos de alcantarillado, el tema que voy a exponer hoy probablemente no interese a nadie, e incluso resulte desagradable de mencionar; pero para quienes habitamos en áreas rurales, el tratamiento de las aguas residuales de origen doméstico -y en particular el de las llamadas "aguas negras"- deviene un asunto prioritario para la salubridad y comodidad de la vivienda. La solución más difundida en nuestro vecindario es el típico pozo ciego: una cámara cerrada, forrada de ladrillos o bloques de concreto, donde se almacenan temporalmente los residuos cloacales y que debe desagotarse cada cierto tiempo, cuando su capacidad se encuentra colmada. Pero hay que ser especialmente cuidadosos en la forma y ubicación de los pozos ciegos a fin de que sus inevitables filtraciones contaminen de coliformes las napas de agua subterránea, teniendo en cuenta que -si bien existe red de agua corriente- muchos de los residentes permanentes obtienen su agua potable exclusivamente de pozos artesianos...
Sin embargo, aquí tengo que ser totalmente honesta: en principio no fue el aspecto ecológico sino el económico, el que nos motivó a buscar alternativas al método tradicional. La verdad es que el costo de construcción del pozo ciego nos pareció excesivo en relación con el rendimiento que, según los vecinos, se obtiene en la zona (considerando que el suelo es arenoso, y las napas de agua relativamente superficiales); por eso fue que, con la ayuda invalorable de Internet, comenzamos a investigar cómo resuelven el tema en otras regiones de Brasil. Así dimos con un sistema que reunía todas las características que buscábamos: económico, sencillo de construir y sobre todo, beneficioso para el medio ambiente. Se trata de la Fosa Séptica Biodigestora, diseñada por el investigador Antonio Pereira de Novaes -veterinario y microbiologista- y promovida por EMBRAPA (entidad pública brasileña de investigación agropecuaria) como sistema ideal de procesamiento de aguas residuales para millones de brasileños que viven en asentamientos rurales.
La propuesta no puede ser más sencilla: tres tanques enterrados en hilera e intercomunicados por tubos de PVC, al primero de las cuales se conecta directamente la cañería proveniente del inodoro. El sistema realiza la descomposición anaerobia de las aguas negras tal como ocurre en la naturaleza: apelando a la acción de bacterias (como las presentes en el estiércol del ganado vacuno), que ayudan a descomponer totalmente los residuos sólidos humanos y generan al final del proceso un efluente libre de coliformes, apto incluso para riego de frutales y sembradíos. Al no generar lodos residuales, el sistema no requiere mantenimiento -salvo el agregado mensual de una pequeña cantidad de estiércol bovino disuelto en agua- y tampoco es necesario desagotarlo como a los pozos ciegos tradicionales. En otras palabras, hace total honor a la famosa ley de Lavoisier: "Nada se pierde, todo se transforma..."
En un principio y a título experimental, el método se probó usando tanques de fibra de vidrio o de hormigón; pero debido al alto costo de los mismos, se buscó desarrollar opciones más económicas que permitieran extender la solución sanitaria a sectores más amplios de la población. Así comenzaron a utilizar tambores plásticos reciclados, los cuales -adoptando determinadas precauciones de instalación- permitieron obtener un resultado prácticamente tan óptimo como el del prototipo y a la vez, por su accesibilidad, transformaron el sistema en una auténtica tecnología social.
Paso ahora a contarles cómo construimos nuestra Fosa Séptica Biodigestora "versión DIY": primero conseguimos tres tarrinas plásticas de 240 lt. de capacidad, de las usadas para importar aceitunas.
En cada tarrina se practican dos orificios enfrentados (con un desnivel de aproximadamente cuatro dedos entre uno y otro), que servirán para introducir caños de PVC de 100/110 mm. Lo ideal es realizar las perforaciones utilizando taladro y una mecha copa, como la que se ve en esta foto:
Pero como en el momento carecíamos de la consabida herramienta, mi compañero ideó un sistema casero para perforar el plástico: calentó al fuego una lata de duraznos vieja...
...y la aplicó sobre el lateral de la tarrina, haciendo presión hasta que los bordes de la lata marcaron el contorno del círculo. Repitió el procedimiento hasta lograr traspasar el espesor del plástico, ayudándose con un cuchillo en las partes difíciles...
...y voilá! Orificios perfectos y justo a la medida de los caños.
Como siempre, cargamos todas las piezas del rompecabezas en nuestro infatigable rutero -que como todo viejito acusa algunos achaques de vez en cuando, pero jamás nos deja a pie- y marchamos rumbo a la obra.
Una vez in situ, la otra mitad del equipo procedió a excavar una fosa de aproximadamente tres metros de longitud por uno de ancho y uno de profundidad (no sin ciertos contratiempos, debido a que las paredes de arena tienden a desmoronarse fácilmente)...

En el interior de cada tarrina colocamos las siguientes piezas de PVC: conectada al tramo de caño que entra, una pieza en forma de codo hacia abajo, cuya función es no producir "olas"; y conectada al segmento que sale hacia la siguiente tarrina, una pieza en forma de "T" que permite el ingreso de aire a fin de facilitar el pasaje de los desechos líquidos entre los tanques.
Finalmente, entre el caño que provendrá del inodoro y la primera tarrina, colocamos una "T" con tapa, que funciona como pequeña cámara donde una vez al mes se debe verter 10 litros de agua con estiércol de vaca fresco diluído (algo relativamente fácil de conseguir en nuestra zona, donde varios vecinos tienen vacas lecheras) a fin de agilitar el proceso de descomposición.
Desde el último tanque parte un caño más largo -aproximadamente tres metros- que se coloca en una zanja cavada a tal efecto; a este caño pueden practicársele orificios a lo largo de toda su extensión a fin de que el efluente se vuelque directamente al suelo (como ya expliqué no contiene ningún elemento contaminante, y de hecho constituye un excelente abono para frutales y plantas ornamentales) o bien, como en nuestro proyecto, dirigirlo a un estanque filtrante hacia donde también se canalizarán las aguas grises -provenientes de la ducha, lavabo y cocina- para generar con ellas un reservorio de riego con destino a la huerta orgánica (pero eso será material de otro post... así que por ahora me limito a hacer el anuncio).
El último paso es volver a llenar la fosa con tierra -en nuestro caso arena-, dejando sólo la parte de las tapas sin enterrar. Como nosotros no vamos a poner el sistema en funcionamiento de inmediato (primero tenemos que ampliar la estructura del cuarto de baño preexistente), optamos por llenar las tarrinas con agua hasta aproximadamente 2/3 de su capacidad, a fin de evitar que la presión de la arena pudiera hacer colapsar las paredes de los tanques (esta medida no sería necesaria si se conecta el sistema a un baño ya operativo).
Para evitar la circulación directa sobre la instalación colocamos encima unos pequeños palets sobrantes de la cerca, que disimulan a la vista las tapas plásticas de los tanques, y al mismo tiempo constituyen una suerte de mini deck donde en un futuro próximo encontrarán alojamiento algunas coquetas macetas con plantas...
Pero todo a su tiempo: por ahora, la tarea continúa llenando vigas y levantando paredes de bloques cerámicos -ticholos o tijolos, según de qué lado de la frontera se adquieran- para la ampliación del baño de la que les hablaba antes. Y en eso están los hombres de la casa en tanto una servidora prepara las fotos para este post; es que lo del cemento no se me da muy bien (ya cuando lleguemos a la madera será otro cantar...)
Así que mientras ellos trabajan, yo me afano en visualizar cómo transformar ésto...
...en algo como ésto:
(aunque no parezca un aporte muy considerable, lo de las visualizaciones funciona, así sea a largo plazo... ¡lo sé por experiencia!)
Y con esto termino mi anotación de bitácora por hoy; la próxima etapa del proyecto consistirá en comenzar el montaje estructural de la cabaña. Pero antes hay que "curar" con aceite quemado la friolera de 30 columnas y 40 vigas además de un número no especificado de tirantes, todo recién llegado de la maderera... y en ratos libres, ir recuperando algunas aberturas rescatadas por monedas de diversas demoliciones (ya saben: levantar tropecientas capas de pintura vieja, lijar, enmasillar, volver a lijar, en ocasiones recortar, ajustar, cambiar herrajes... naderías, bah).
Igualmente, aprovecharé este par de días de "descanso" para tratar de visitar mis blogs amigos y ponerme al día con sus novedades. Pero por si no pudiera complir con todas y reciprocarles individualmente, desde ya quiero expresar mi más profundo agradecimiento por cada uno de los afectuosos comentarios que me han dejado desde que empezó esta loca aventura. Tal vez parezca exagerado, pero en momentos de cansancio o de desánimo me vienen a la memoria esas palabras de aliento y de cariño llegadas desde tan lejos, y de algún modo ello me da fuerzas para continuar gestando un sueño que por momentos parece quimérico...
¡Un abrazo gigante, y hasta nuestro próximo encuentro!
Paso ahora a contarles cómo construimos nuestra Fosa Séptica Biodigestora "versión DIY": primero conseguimos tres tarrinas plásticas de 240 lt. de capacidad, de las usadas para importar aceitunas.
En cada tarrina se practican dos orificios enfrentados (con un desnivel de aproximadamente cuatro dedos entre uno y otro), que servirán para introducir caños de PVC de 100/110 mm. Lo ideal es realizar las perforaciones utilizando taladro y una mecha copa, como la que se ve en esta foto:
| Fuente |
Pero como en el momento carecíamos de la consabida herramienta, mi compañero ideó un sistema casero para perforar el plástico: calentó al fuego una lata de duraznos vieja...
...y la aplicó sobre el lateral de la tarrina, haciendo presión hasta que los bordes de la lata marcaron el contorno del círculo. Repitió el procedimiento hasta lograr traspasar el espesor del plástico, ayudándose con un cuchillo en las partes difíciles...
...y voilá! Orificios perfectos y justo a la medida de los caños.
Como siempre, cargamos todas las piezas del rompecabezas en nuestro infatigable rutero -que como todo viejito acusa algunos achaques de vez en cuando, pero jamás nos deja a pie- y marchamos rumbo a la obra.
Una vez in situ, la otra mitad del equipo procedió a excavar una fosa de aproximadamente tres metros de longitud por uno de ancho y uno de profundidad (no sin ciertos contratiempos, debido a que las paredes de arena tienden a desmoronarse fácilmente)...
A continuación, colocamos las tarrinas en su sitio, unidas entre sí por tramos de caño de unos 60 cm., cuyas conexiones a los tanques se sellaron con silicona fría. El fondo de la fosa debe tener un ligero declive, de tal manera que cada tanque quede en desnivel -basta con un 3%- respecto del anterior. A la tapa de la primera tarrina se le practicó además un orificio de 40 mm a fin de conectar un caño respirador (el proceso de descomposición anaerobia genera pequeñas emisiones de gas metano, totalmente inodoro).
Finalmente, entre el caño que provendrá del inodoro y la primera tarrina, colocamos una "T" con tapa, que funciona como pequeña cámara donde una vez al mes se debe verter 10 litros de agua con estiércol de vaca fresco diluído (algo relativamente fácil de conseguir en nuestra zona, donde varios vecinos tienen vacas lecheras) a fin de agilitar el proceso de descomposición.
Desde el último tanque parte un caño más largo -aproximadamente tres metros- que se coloca en una zanja cavada a tal efecto; a este caño pueden practicársele orificios a lo largo de toda su extensión a fin de que el efluente se vuelque directamente al suelo (como ya expliqué no contiene ningún elemento contaminante, y de hecho constituye un excelente abono para frutales y plantas ornamentales) o bien, como en nuestro proyecto, dirigirlo a un estanque filtrante hacia donde también se canalizarán las aguas grises -provenientes de la ducha, lavabo y cocina- para generar con ellas un reservorio de riego con destino a la huerta orgánica (pero eso será material de otro post... así que por ahora me limito a hacer el anuncio).
El último paso es volver a llenar la fosa con tierra -en nuestro caso arena-, dejando sólo la parte de las tapas sin enterrar. Como nosotros no vamos a poner el sistema en funcionamiento de inmediato (primero tenemos que ampliar la estructura del cuarto de baño preexistente), optamos por llenar las tarrinas con agua hasta aproximadamente 2/3 de su capacidad, a fin de evitar que la presión de la arena pudiera hacer colapsar las paredes de los tanques (esta medida no sería necesaria si se conecta el sistema a un baño ya operativo).
Para evitar la circulación directa sobre la instalación colocamos encima unos pequeños palets sobrantes de la cerca, que disimulan a la vista las tapas plásticas de los tanques, y al mismo tiempo constituyen una suerte de mini deck donde en un futuro próximo encontrarán alojamiento algunas coquetas macetas con plantas...
Pero todo a su tiempo: por ahora, la tarea continúa llenando vigas y levantando paredes de bloques cerámicos -ticholos o tijolos, según de qué lado de la frontera se adquieran- para la ampliación del baño de la que les hablaba antes. Y en eso están los hombres de la casa en tanto una servidora prepara las fotos para este post; es que lo del cemento no se me da muy bien (ya cuando lleguemos a la madera será otro cantar...)
Así que mientras ellos trabajan, yo me afano en visualizar cómo transformar ésto...
...en algo como ésto:
![]() |
| Fuente |
![]() |
| Fuente |
![]() |
| Fuente |
(aunque no parezca un aporte muy considerable, lo de las visualizaciones funciona, así sea a largo plazo... ¡lo sé por experiencia!)
Y con esto termino mi anotación de bitácora por hoy; la próxima etapa del proyecto consistirá en comenzar el montaje estructural de la cabaña. Pero antes hay que "curar" con aceite quemado la friolera de 30 columnas y 40 vigas además de un número no especificado de tirantes, todo recién llegado de la maderera... y en ratos libres, ir recuperando algunas aberturas rescatadas por monedas de diversas demoliciones (ya saben: levantar tropecientas capas de pintura vieja, lijar, enmasillar, volver a lijar, en ocasiones recortar, ajustar, cambiar herrajes... naderías, bah).
Igualmente, aprovecharé este par de días de "descanso" para tratar de visitar mis blogs amigos y ponerme al día con sus novedades. Pero por si no pudiera complir con todas y reciprocarles individualmente, desde ya quiero expresar mi más profundo agradecimiento por cada uno de los afectuosos comentarios que me han dejado desde que empezó esta loca aventura. Tal vez parezca exagerado, pero en momentos de cansancio o de desánimo me vienen a la memoria esas palabras de aliento y de cariño llegadas desde tan lejos, y de algún modo ello me da fuerzas para continuar gestando un sueño que por momentos parece quimérico...
¡Un abrazo gigante, y hasta nuestro próximo encuentro!



