"El hogar con el que siempre has soñado habita dentro de ti."
SARAH BAN BREATHNACH

martes, 17 de marzo de 2015

Nada se pierde, todo se transforma


Supongo que, como en todas las cosas de la vida, debe haber una manera "correcta" de encaminar un proyecto constructivo (de lo contrario no habría tanta gente quemándose las pestañas durante años en la facultad de Arquitectura). Pero junto al camino técnicamente idóneo corren una serie de senderos más o menos paralelos, de métodos o procedimientos sui generis que personas como nosotros, ajustados a un presupuesto implacable, van explorando en el camino hacia la vivienda propia... 

Es así que durante las últimas semanas, nuestro entusiasmo ha sido puesto a prueba por un par de factores externos de no poco peso: por un lado, las trabas burocráticas al préstamo bancario que debía financiar la parte "gruesa" de la obra; y por otro, una inesperada huelga de camioneros en Brasil que determinó la ausencia de madera en los mercados locales. 

En otras palabras: el orden lógico que habíamos pensado seguir en un principio (construir primero el área social, luego las áreas de servicio y después el piso superior con los dormitorios) fue alterado por estos dos imprevistos, y de pronto nos vimos en la alternativa de parar la construcción a la espera de vientos más favorables, o empezar a trabajar "con lo que teníamos a mano"... ¡y desde luego esto último fue precisamente lo que hicimos! Tomando como base la pequeña edificación ya existente, decidimos comenzar los trabajos por el lugar más privado de todos (y el único que, por su función, debe necesariamente estar construido de bloques y cemento): el baño.

En el ámbito urbano, donde normalmente existen servicios públicos de alcantarillado, el tema que voy a exponer hoy probablemente no interese a nadie, e incluso resulte desagradable de mencionar; pero para quienes habitamos en áreas rurales, el tratamiento de las aguas residuales de origen doméstico -y en particular el de las llamadas "aguas negras"- deviene un asunto prioritario para la salubridad y comodidad de la vivienda. La solución más difundida en nuestro vecindario es el típico pozo ciego: una cámara cerrada, forrada de ladrillos o bloques de concreto, donde se almacenan temporalmente los residuos cloacales y que debe desagotarse cada cierto tiempo, cuando su capacidad se encuentra colmada. Pero hay que ser especialmente cuidadosos en la forma y ubicación de los pozos ciegos a fin de que sus inevitables filtraciones contaminen de coliformes las napas de agua subterránea, teniendo en cuenta que -si bien existe red de agua corriente- muchos de los residentes permanentes obtienen su agua potable exclusivamente de pozos artesianos...

Sin embargo, aquí tengo que ser totalmente honesta: en principio no fue el aspecto ecológico sino el económico, el que nos motivó a buscar alternativas al método tradicional. La verdad es que el costo de construcción del pozo ciego nos pareció excesivo en relación con el rendimiento que, según los vecinos, se obtiene en la zona (considerando que el suelo es arenoso, y las napas de agua relativamente superficiales); por eso fue que, con la ayuda invalorable de Internet, comenzamos a investigar cómo resuelven el tema en otras regiones de Brasil. Así dimos con un sistema que reunía todas las características que buscábamos: económico, sencillo de construir y sobre todo, beneficioso para el medio ambiente. Se trata de la Fosa Séptica Biodigestora, diseñada por el investigador Antonio Pereira de Novaes -veterinario y microbiologista- y promovida por EMBRAPA (entidad pública brasileña de investigación agropecuaria) como sistema ideal de procesamiento de aguas residuales para millones de brasileños que viven en asentamientos rurales.


La propuesta no puede ser más sencilla: tres tanques enterrados en hilera e inter
comunicados por tubos de PVC, al primero de las cuales se conecta directamente la cañería proveniente del inodoro. El sistema realiza la descomposición anaerobia de las aguas negras tal como ocurre en la naturaleza: apelando a la acción de bacterias (como las presentes en el estiércol del ganado vacuno), que ayudan a descomponer totalmente los residuos sólidos humanos y generan al final del proceso un efluente libre de coliformes, apto incluso para riego de frutales y sembradíos.  Al no generar lodos residuales, el sistema no requiere mantenimiento -salvo el agregado mensual de una pequeña cantidad de estiércol bovino disuelto en agua- y tampoco es necesario desagotarlo como a los pozos ciegos tradicionales. En otras palabras, hace total honor a la famosa ley de Lavoisier: "Nada se pierde, todo se transforma..."

En un principio y a título experimental, el método se probó usando tanques de fibra de vidrio o de hormigón; pero debido al alto costo de los mismos, se buscó desarrollar opciones más económicas que permitieran extender la solución sanitaria a sectores  más amplios de la población. Así comenzaron a utilizar tambores plásticos reciclados, los cuales -adoptando determinadas precauciones de instalación- permitieron obtener un resultado prácticamente tan óptimo como el del prototipo y a la vez, por su accesibilidad, transformaron  el sistema en una auténtica tecnología social. 

Paso ahora a contarles cómo construimos nuestra Fosa Séptica Biodigestora "versión DIY": primero conseguimos tres tarrinas plásticas de 240 lt. de capacidad, de las usadas para importar aceitunas. 


En cada tarrina se practican dos orificios enfrentados (con un desnivel de aproximadamente cuatro dedos entre uno y otro), que servirán para introducir caños de PVC de 100/110 mm. Lo ideal es realizar las perforaciones utilizando taladro y una mecha copa, como la que se ve en esta foto:

Fuente

Pero como en el momento carecíamos de la consabida herramienta, mi compañero ideó un sistema casero para perforar el plástico: calentó al fuego una lata de duraznos vieja...


...y la aplicó sobre el lateral de la tarrina, haciendo presión hasta que los bordes de la lata marcaron el contorno del círculo. Repitió el procedimiento  hasta lograr traspasar el espesor del plástico, ayudándose con un cuchillo en las partes difíciles...


...y voilá! Orificios perfectos y justo a la medida de los caños. 


Como siempre, cargamos todas las piezas del rompecabezas en nuestro infatigable rutero -que como todo viejito acusa algunos achaques de vez en cuando,  pero jamás nos deja a pie- y marchamos rumbo a la obra.


Una vez in situ, la otra mitad del equipo procedió a excavar una fosa de aproximadamente tres metros de longitud por uno de ancho y uno de profundidad (no sin ciertos contratiempos, debido a que las paredes de arena tienden a desmoronarse fácilmente)...


A continuación, colocamos las tarrinas en su sitio, unidas entre sí por tramos de caño de unos 60 cm., cuyas conexiones a los tanques se sellaron con silicona fría. El fondo de la fosa debe tener un ligero declive, de tal manera que cada tanque quede en desnivel -basta con un 3%- respecto del anterior. A la tapa de la primera tarrina se le practicó además un orificio de 40 mm a fin de conectar un caño respirador (el proceso de descomposición anaerobia genera pequeñas emisiones de gas metano, totalmente inodoro).

En el interior de cada tarrina colocamos las siguientes piezas de PVC: conectada al tramo de caño que entra, una pieza en forma de codo hacia abajo, cuya función es no producir "olas"; y conectada al segmento que sale hacia la siguiente tarrina, una pieza en forma de "T" que permite el ingreso de aire a fin de facilitar el pasaje de los desechos líquidos entre los tanques.


Finalmente, entre el caño que provendrá del inodoro y la primera tarrina, colocamos una "T" con tapa, que funciona como pequeña cámara donde una vez al mes se debe verter 10 litros de agua con estiércol de vaca fresco diluído (algo relativamente fácil de conseguir en nuestra zona, donde varios vecinos tienen vacas lecheras) a fin de agilitar el proceso de descomposición.

 
 

Desde el último tanque parte un caño más largo -aproximadamente tres metros- que se coloca en una zanja cavada a tal efecto; a este caño pueden practicársele orificios a lo largo de toda su extensión a fin de que el efluente se vuelque directamente al suelo (como ya expliqué no contiene ningún elemento contaminante, y de hecho constituye un excelente abono para frutales y plantas ornamentales) o bien, como en nuestro proyecto, dirigirlo a un estanque filtrante hacia donde también se canalizarán las aguas grises -provenientes de la ducha, lavabo y cocina- para generar con ellas un reservorio de riego con destino a la huerta orgánica (pero eso será material de otro post... así que por ahora me limito a hacer el anuncio).

El último paso es volver a llenar la fosa con tierra -en nuestro caso arena-, dejando sólo la parte de las tapas sin enterrar. Como nosotros no vamos a poner el sistema en funcionamiento de inmediato (primero tenemos que ampliar la estructura del cuarto de baño preexistente), optamos por llenar las tarrinas con agua hasta aproximadamente 2/3 de su capacidad, a fin de evitar que la presión de la arena pudiera hacer colapsar las paredes de los tanques (esta medida no sería necesaria si se conecta el sistema a un baño ya operativo). 


Para evitar la circulación directa sobre la instalación colocamos encima unos pequeños palets sobrantes de la cerca, que disimulan a la vista las tapas plásticas de los tanques, y al mismo tiempo constituyen una suerte de mini deck donde en un futuro próximo encontrarán alojamiento algunas coquetas macetas con plantas... 


Pero todo a su tiempo: por ahora, la tarea continúa llenando vigas y levantando paredes de bloques cerámicos -ticholos o tijolos, según de qué lado de la frontera se adquieran- para la ampliación del baño de la que les hablaba antes. Y en eso están los hombres de la casa en tanto una servidora prepara las fotos para este post; es que lo del cemento no se me da muy bien (ya cuando lleguemos a la madera será otro cantar...)

 
 

Así que mientras ellos trabajan, yo me afano en visualizar cómo transformar ésto...


...en algo como ésto:

Fuente
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(aunque no parezca un aporte muy considerable, lo de las visualizaciones funciona, así sea a largo plazo... ¡lo sé por experiencia!)

Y con esto termino mi anotación de bitácora por hoy; la próxima etapa del proyecto consistirá en comenzar el montaje estructural de la cabaña. Pero antes hay que "curar" con aceite quemado la friolera de 30 columnas y 40 vigas además de un número no especificado de tirantes, todo recién llegado de la maderera... y en ratos libres, ir recuperando algunas aberturas rescatadas por monedas de diversas demoliciones (ya saben: levantar tropecientas capas de pintura vieja, lijar, enmasillar, volver a lijar, en ocasiones recortar, ajustar, cambiar herrajes... naderías, bah). 

Igualmente, aprovecharé este par de días de "descanso" para tratar de visitar mis blogs amigos y ponerme al día con sus novedades. Pero por si no pudiera complir con todas y reciprocarles individualmente, desde ya quiero expresar mi más profundo agradecimiento por cada uno de los afectuosos comentarios que me han dejado desde que empezó esta loca aventura. Tal vez parezca exagerado, pero en momentos de cansancio o de desánimo me vienen a la memoria esas palabras de aliento y de cariño llegadas desde tan lejos, y de algún modo ello me da fuerzas para continuar gestando un sueño que por momentos parece quimérico...

¡Un abrazo gigante, y hasta nuestro próximo encuentro!
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viernes, 13 de marzo de 2015

¿Porta agujas... o porta planos?

Hace muchos, muchos años, en un pueblito perdido del interior, había una niñita solitaria que pasaba horas enteras hojeando con deleite las viejas revistas LABORES de donde su mamá extraía complicadísimos puntos de crochet y otros primores por el estilo...

Fuente

Seguro ya adivinaron: la niña del cuento y la que escribe estas palabras son una misma persona; y aunque hayan transcurrido varias décadas entre la escena arriba descripta y la actualidad, nunca se me olvida la fascinación por aquellas antiguas páginas amarillentas y aquellos patrones tan intrincados, donde se condensaba el secreto de las manualidades más diversas y maravillosas para el vestir y el hogar. En particular recuerdo un proyecto que me llamó mucho la atención: un porta agujas de tejer hecho con tubos de papel higiénico, forrado primorosamente de terciopelo azul y adornado con puntillas y galones de pasamanería. Pero esta reminiscencia tan entrañable quizá se habría perdido definitivamente (ya saben lo caprichosa que puede ser la memoria a veces) si no fuera por un dilema doméstico que se me planteó hace unos días...

Verán: el proceso de construcción de nuestra cabañita playera no puede ser más frugal; tanto así, que ni siquiera cuenta con un plano elaborado por arquitecto (en Uruguay la intervención de técnicos es requisito imprescindible para la realización de cualquier edificación; pero en Brasil estas exigencias son más flexibles, y en los casos de viviendas modestas basta con un simple croquis hecho por el interesado para que la obra se autorice). Ello no implica, sin embargo, que no hayamos planificado minuciosamente cada detalle del proyecto: de hecho, nos ha insumido largas discusiones y alguna que otra noche de insomnio llegar a definir con precisión las dimensiones de cada área, la ubicación de cada abertura, la orientación de cada habitación... Y como los sucesivos puntos de consenso se documentan prolijamente en papel milimetrado para no dejar lugar a dudas posteriores, el resultado ha sido una serie de planos y bocetos "caseros" que nos acompañan invariablemente en cada viaje hacia y desde la zona de combate construcción.


Pero el traslado de los dichosos rollitos de papel en un rincón de la mochila -conviviendo con zapatillas, guantes de trabajo y herramientas diversas- implica el riesgo de que se rompan, manchen o extravíen y nos dejen sin punto de referencia en el momento en que más los necesitemos... así que había que pensar en un recipiente adecuado para transportar nuestros "mapas secretos de la felicidad". 

Ahí fue cuando, al toparme por casualidad con un tubo de cartón rígido (procedente de un rollo de papel aluminio), volvió de golpe el recuerdo de aquel suntuoso porta-agujas y pensé: "¿Por qué no adoptar la idea básica para hacer un porta-planos?"



Para este proyecto utilicé, además del tubo mencionado, recortes de cartón rígido, un tubo de papel higiénico común, tela vaquera estampada -parte de un jean ochentoso de tiro alto y cintura inverosímil, proveniente de un second hand-, restos de cinta y un cordón...

El proceso no requiere mayor explicación: corté círculos de cartón a la medida de cada uno de los tubos -el de ph era de un diámetro ligeramente mayor que el otro, por lo que me sirvió para hacer la tapa- y los aseguré en su sitio con cinta de papel. 


Luego forré ambas piezas con jean, el cual usé del lado del revés porque me gustó más el relieve que genera el estampado "estilo gobelino". Doblé la tela hacia adentro en cada borde vivo -aproximadamente unos 3 mm- y la fui acomodando sobre el cartón, asegurando todas las uniones con silicona caliente (el forro puede ser cosido o pegado con cola vinílica, pegamento para telas o lo que tengan a mano; yo preferí la pistola de silicona porque me permitía trabajar más rápido, y según he comprobado da un resultado muy durable en la adhesión de telas). 


Recorté los bordes con una tijera bien afilada, y como toques finales añadí unos trozos de cinta para prolijar los orillos y un cordón para colgar.


Y eso fue todo: ¡en apenas un ratito y sin gastar un centavo, ya tenía mi porta-planos listo para contener los sueños familiares! (y después de todo, cuando acabemos la construcción de la casa puede seguir acompañándome reconvertido en porta agujas jejejeje)


[NOTA AL MARGEN: como pueden ver me he contagiado del virus que este verano atacó, simultánea o sucesivamente, a Marcela, Leo, Sofie, Rosina y algunas otras amigas que se han dedicado a reciclar vaqueros viejos para transformarlos en objetos de lo más variados y originales. Y si bien tengo entre manos un proyecto un poquito más ambicioso (que también involucra el reciclaje de jeans), el porta-planos ha quedado tan coqueto que estoy tentada a desempolvar el resto del vaquero en cuestión y hacerme un bolso shabby chic en combinación... ¡Ya les contaré!].


Aprovecho otro viaje relámpago a la civilización para sumarme con este post express a los Findes Frugales 2015 (Marce nos convoca desde su página web muy renovada y profesional, pero con la cordialidad de siempre) y me despido hasta la semana que viene, porque nos espera un finde muy ajetreado en el ranchito; para el regreso prometo una actualización de los avances de obra, y si don Chronos me da un respiro, también la ronda de visitas que les estoy debiendo hace tiempo... ¡Hasta entonces, y bendiciones para todas!
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viernes, 20 de febrero de 2015

Bellamente imperfecta


¡Feliz viernes, queridas amigas blogueras! Como lo prometido es deuda aquí me tienen de nuevo, esta vez para incursionar en la parte "práctica" de nuestra aventura constructiva.

Tal cual les contaba en mi crónica anterior, durante las últimas semanas nos hemos dedicado a la limpieza y cercado del terreno en torno al ranchito, previo al comienzo de la construcción propiamente dicha. Ello obedeció más a una necesidad puntual que a un plan preconcebido: al inicio el predio estaba rodeado apenas por algunos postes carcomidos y un par de hileras de alambre de púas, con lo cual a menudo ingresaban vacunos o caballos de los vecinos -que suelen pastar libremente por la zona- causando destrozos de mayor o menor cuantía. De modo que, antes de empezar cualquier obra, se imponía delimitar adecuadamente la propiedad y así asegurar los materiales y herramientas contra este tipo de "invasión ganadera" (a las visitas de los amigos de lo ajeno no es tan fácil frenarlas, pero al menos se las complicamos un poco :D )

Seré categórica en esto: no me gustan los muros, tanto menos cuanto más altos son. Sé que para muchas personas un muro de concreto es la mejor forma de preservar su privacidad y sentirse más cómodos y seguros; pero en lo personal me traen reminiscencias tétricas de cárceles, hospicios y lugares igualmente sombríos, de modo que esa posibilidad fue descartada de plano.  

La siguiente opción -impuesta por lo extenso del terreno y lo recortado del presupuesto- era la malla electrosoldada, que si bien a priori no resulta especialmente agradable a la vista, puede ser bastante bien disimulada si se la cubre con plantas trepadoras como madreselvas (Lonicera caprifolium), jazmines de Hungría (Jasminum polyanthus) o rosales silvestres. Así que sin pensarlo mucho, compramos un par de rollos de malla, unos cuantos postes curados y una buena provisión de alambre galvanizado, y allá nos fuimos alegremente a jugar a los alambradores...


Dos días, dieciséis pozos y unas cuantas ampollas en las manos después, tres de los cuatro lados del predio quedaron más o menos cercados y aptos para superar la inspección crítica de la otra mitad del equipo (que a priori se había imaginado la tarea mucho más sencilla y el resultado mucho más perfecto, aunque no contó jamás con las irregularidades del terreno y la inexperiencia de los operarios). Pero para el frente de la casa buscábamos algo que además del costo accesible, tuviera algún otro valor agregado desde el punto de vista estético; y la solución nos llegó de forma casi fortuita, a través de un montón de palets descartados por un depósito público en las afueras de la ciudad.

Acá hago otra pausa en el relato para aclarar que las cercas de palets no son ningún invento original digno del premio Nobel; de hecho, hay en Internet muchos videos y tutoriales interesantísimos sobre el tema. El primero que vimos, y que nos sirvió de inspiración, fue éste:


La idea propuesta por este señor es simple, rápida y efectiva: sólo con marcar y cortar con una sierra eléctrica, obtiene una cerca de aproximadamente 0.60 m de altura con un bonito borde en zigzag. El problema es que para aplicar este método es necesario que los palets estén completamente sanos y sean de igual tamaño; sin embargo, lo que nosotros teníamos era esto...


...una veintena de palets medio rotos y todos DIFERENTES! Así que hubo que arremangarse y encarar el proyecto de la manera difícil: desarmando los palets uno por uno para rescatar la madera aprovechable. Si alguna de ustedes lo ha intentado alguna vez, sabe por experiencia que no es "soplar y hacer botellas" (¡cuánta razón tienes, Menchu!): los palets normalmente vienen armados no sólo con clavos, sino con unas grapas largas muy complicadas de quitar... y cada palet tiene millones de ellas! Así que hubo que apelar a todas las reservas de paciencia -honestamente nunca creí que mi compañero hubiese sido bendecido con dicha virtud, hasta que lo vi pasarse tardes enteras enfrascado en esa tarea- y luego clasificar las tablas obtenidas en base a su longitud, ancho y espesor, buscando la máxima similitud posible entre tanta diversidad...

Las tablas por un lado...
...y las "patas" por otro.

Siguiente paso: armar los paneles que luego formarían el vallado. Como necesitábamos una cerca de 1 mt. de altura y la calidad de las maderas no era la mejor (muchas tenían rajaduras y/o nudos en los extremos), decidimos prescindir de la terminación en punta y en cambio hacerla recta a fin de que ambos bordes -superior e inferior- quedaran igualmente reforzados, dándole mayor estabilidad a la estructura. Elegimos las tablas más fuertes para servir de bases...


...y sobre ellas fuimos colocando y clavando en forma perpendicular las restantes (primero las de los extremos y luego las de en medio, tratando de dejar aproximadamente la misma separación entre ellas).


Cuando tuvimos varios paneles ya armados, los cargamos en nuestro viejo "correcaminos" y volvimos a la playa para comenzar el montaje...


Apoyamos el primer tramo en el mismo poste donde habíamos fijado un extremo de la malla lateral, y lo aseguramos con clavos largos; a continuación colocamos el segundo tramo y reforzamos la unión entre ambos clavando por la parte interna las "patas" de los palets (cuyo extremo inferior va cortado en forma de cuña y enterrado en el suelo unos 30 cm. aproximadamente).


Seguimos uniendo paneles de la misma forma (guiándonos por una línea de tanza colocada previamente a la altura deseada entre ambas esquinas del terreno, y verificando con el nivel la horizontalidad de cada tramo) hasta llegar a la ubicación de los portones de acceso, donde se colocaron postes de fijación enterrados a aproximadamente 0.80 mt.


Usando tablones de 15 cm. de ancho como base y las propias maderas de palets, construimos un portón de entrada de 1 mt. de ancho... 


... y dos portones de garage de 1.5 mts. cada uno.


Y así quedó finalmente instalada nuestra cerca de palets DIY (aunque todavía falta darle un par de manos de aceite quemado, para humectar la madera y hacerla más resistente a las inclemencias del tiempo). Como podrán observar si miran las fotos en detalle, no se parece demasiado a un vallado perfecto al estilo de las casas norteamericanas: en algunos tramos coexisten tablas de diferentes anchos, texturas y tonalidades, y casi todas ellas lucen aún las huellas de los clavos, grapas y sujeciones que delatan su verdadero origen. Pero lejos de afearla, esas aparentes imperfecciones en mi opinión le otorgan una personalidad y un estilo únicos, que reivindican la belleza de los años y las huellas de la experiencia... (¿mencioné ya que me siento reflejada en los detalles de esta construcción casi como si fuera un espejo mágico?)


Por eso, porque estoy realmente orgullosa tanto del resultado como de la dedicación que insumió, y porque además es una forma sumamente económica de construir un vallado para la casa, el jardín, la huerta o lo que se les ocurra, me pareció un buen aporte para debutar en la versión 2015 de los Findes Frugales... así que dentro de un rato las veo en casa de Marce!
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lunes, 16 de febrero de 2015

Trabajos preliminares

"Es esencial que nuestras metas estén a nuestro alcance y que siempre tengan un fondo de crecimiento personal. 
Si son puramente materiales no satisfarán, aunque las consigamos, el anhelo que las creó".
LOUISE HAY

Quiero empezar disculpándome por no haber estado todo lo presente que quisiera en Bloglandia durante el último mes, ni haberlas visitado con la frecuencia que solía. A esta altura he llegado a aceptar que nunca tendré la disciplina que caracteriza por ejemplo a Paula, o a las chicas de Retro, o a la propia Marcela -entre otras talentosas blogueras que sigo-, quienes se ingenian para organizar su tiempo y postear con una regularidad cuidadosamente predeterminada. Pero para alguien cuyos ritmos vitales fluyen mayormente en Kairos, acomodarse a la tiranía de Chronos -agendas, relojes, calendarios- resulta visceralmente incompatible... así que si me desaparezco por temporadas, ruego no lo tomen como una descortesía: es sólo que a veces estoy tan ocupada lidiando con la vida, que no me alcanza el tiempo para documentarla!

Verán: cuando empecé con este blog, lo hice con la única intención de registrar el "paso a paso" en la construcción de nuestra casa en Barra do Chui, desde el comienzo mismo de la aventura hasta lo que será -en un futuro no tan lejano, espero- nuestra instalación definitiva en ese lugar. No tenía más pretensión que analizar métodos constructivos tradicionales y alternativos, compartir pequeños trucos y sugerencias para edificar una vivienda digna con un presupuesto limitado, explayarme ocasionalmente sobre el estilo de vida relajado, frugal, ecológico y sustentable que hemos abrazado como familia, y ¿por qué no? soñar un poco mientras les muestro las imágenes que he ido encontrando por la red y que me inspirarán para intentar transformar una humilde cabaña en un auténtico hogar.


Sin embargo, la energía de este 2015 (que numerológicamente está signado por el 8, o sea precisamente un año de logros, resultados, beneficios y metas alcanzadas) me ha hecho reflexionar sobre el profundo simbolismo que representa para mí este proceso, aún cuando a primera vista puede parecer centrado en un objetivo meramente material. 

En efecto, en estas largas jornadas estivales transcurridas en medio de la Naturaleza, en las que alternamos horas de arduo trabajo con ratos de solaz y silencio, he llegado a comprender que estoy edificando mucho más que una casa: por primera vez en mucho tiempo -¡quizá en toda mi vida!- me he embarcado en un proceso de transformación profunda a nivel físico, mental, emocional y espiritual. De hecho, casi sin darme cuenta he empezado a reinventarme a mí misma, a construirme una nueva identidad mucho más acorde a los dictados de mi Ser Esencial...



Despejando el terreno

En este camino de renovación -como en todo proyecto constructivo-, el primer paso consistió en preparar el terreno. Para ello, me propuse arrancar de raíz las malas hierbas que se habían instalado en él a lo largo de los años (algunas tan profundamente arraigadas que se resisten porfiadamente a la azada), así como echar abajo las ruinas de edificaciones previas que -más allá de su eventual razón de ser en el pasado- ya no prestan ninguna utilidad de cara a las nuevas perspectivas.

Aquí debo desnudar el alma y hacer una confesión no muy decorosa: por diversas razones (que me reservo el derecho de no detallar en esta oportunidad), desde hace unos años a esta parte no me he cuidado a mí misma en la forma que debiera. Las excusas bajo las cuales me he escudado son numerosas: primero el bebé, que consumía la enorme mayoría de mi tiempo y energía; después el cambio de ciudad y de entorno laboral, que ya no me obligaba a mantener mi "impecable imagen de profesional exitosa"; y más tarde algunas fluctuaciones a nivel de salud -como una incipiente hipermetropía- que si bien no encerraban gravedad en sí mismas, afectaron sustancialmente mi ritmo vital y mi estado de ánimo, al punto de dejar de lado por completo cosas tan "banales" como la apariencia personal. 



Lo cierto es que la mujer que me mira hoy desde el espejo no tiene nada que ver con aquella guerrera audaz, asertiva, sofisticada y seductora que supe ser -dentro y fuera de los tribunales- apenas una década atrás. Y lo peor del caso es que lo he venido procesando con una mezcla fatal de culpa y resignación: por un lado, la vocecita interior susurrándome que debería renovar mi guardarropa, probar un nuevo estilo de peinado, volver a maquillarme -al menos los ojos, como tanto me gustaba-, comer más sano o retomar mi práctica de yoga ("debería, debería, debería... ¿según quién?", pregunta Louise Hay); por otro, el fantasma de la procrastinación sentenciando implacablemente: "cuando adelgace 10 kilos" (traducción: "me odio a mí misma por estar gorda"), "cuando me aumenten el sueldo" (traducción: "me odio a mí misma por no ganar lo suficiente"), "cuando me sienta con más energía" (traducción: "me odio a mí misma por ser tan haragana y falta de voluntad") y un largo rosario de etcéteras... Pero este año, curiosamente, las señales del Universo parecen haberse confabulado para darme un categórico NO VA MÁS. 


Empecé de afuera hacia adentro: primero fui invitada a participar de un cursillo gratuito online titulado Dressing Your Truth (en español sería algo así como "vistiendo tu verdad"), el cual forma parte de un método creado por la terapeuta energética y escritora Carol Tuttle. Si bien a priori soy bastante escéptica respecto a seminarios, libros o shows televisivos donde supuestos "expertos" te dicen cómo tienes que vestirte o arreglarte para ser más chic (he visto algunos en Internet que llegan a transformarse en verdaderas sectas del estilo, donde no se permite realizar la mínima objeción a los consejos y sugerencias del gurú de turno), debo admitir que este cursillo simple y aparentemente frívolo me confrontó con una sorprendente revelación: aquellas imágenes que suelo evocar con nostalgia -la abogada agresiva enfundada en estructurados tailleurs y maquillada en colores intensos, o la treintañera recién divorciada yendo a bailar con minifaldas de jean, tacos altísimos y el pelo teñido de rojo fuego- no respondían en realidad a mi esencia más profunda, sino que eran simplemente el vestuario adecuado para actuar el papel de turno; o dicho en otras palabras, las "armaduras" que adopté en su momento para generarme la autoconfianza que estaba muy lejos de sentir, tanto a nivel del trabajo como a nivel de relaciones personales. En puridad, la verdadera yo no tiene nada de osada o de "sex-symbol"; por el contrario, es un ser más bien tímido, introvertido, sensible y espiritual... ¿Por qué, entonces, son tan contadas las personas que realmente conocen ese aspecto de mi personalidad? ¡Porque desde siempre me moví condicionada por las expectativas del "afuera", por los conceptos dominantes de lo que era "política y socialmente correcto", o por lo que creía necesario para atraer al "verdadero amor"! (todos ellos mitos urbanos cuya falacia el tiempo y la experiencia se han encargado de desenmascarar...)

Fuente

De modo que, a partir de esta constatación tan elemental y a la vez tan removedora, decidí que se imponía una profunda limpieza en mi guardarropa: todo lo que no vaya con mi estilo auténtico, todo lo que me recuerde a esos personajes que ya no quiero representar, todo lo que me haga sentir de algún modo "disfrazada", "falsa" o simplemente "otra persona", tiene que irse YA de mi armario; y también deben desaparecer esas prendas que guardo "para cuando esté más flaca" o "para cuando tenga la panza más plana". En adelante me vestiré para mí, honrando mi cuerpo tal y como es ahora -no como era diez años atrás, ni como pueda llegar a ser en el futuro-; usaré el pelo suelto cada vez que se me antoje, sin importar si es o no "apropiado" para mi edad; y sólo elegiré formas y texturas que me hagan sentir cómoda en mi propia piel, aunque no las vendan en ninguna boutique exclusiva y tenga que acabar -como es habitual- encontrándolas en las second hand o directamente haciéndolas yo misma...

Mas cuando todavía estaba inmersa en este asunto de la imagen personal, una nueva invitación me sacudió a un nivel mucho más profundo: fui convocada a participar de la Bendición Mundial del Útero promovida por la escritora, artista y maestra espiritual británica Miranda Gray para la Luna Llena del 3 de febrero. 

A pesar del nombre impactante, el asunto no tiene nada de complejo; es una meditación sencilla (de hecho se descarga de Internet) que las mujeres pueden realizar solas o en grupos, y que se coordina en determinados horarios comunes para todos los países del mundo a fin de concentrar y multiplicar la energía. Pero para mí significó una experiencia sumamente enriquecedora desde diversos puntos de vista: por un lado, me reconectó con el profundo poder sanador de la Energía Universal, que tan bien conozco dada mi formación como terapeuta Reiki nivel III, pero de la que en cierto modo últimamente me había distanciado en aras de una postura más "escéptica" y "racional" (¿políticamente correcta, tal vez?). Por otro lado, me trajo entrañables recuerdos de las meditaciones que solíamos compartir cada Luna Llena con un grupo de amigas, allá en mi ciudad natal; y de pronto comprendí que llevo demasiado tiempo aislada de esas "hermanas elegidas" que me ha dado la vida, y que tal vez hoy -no mañana, o la semana que viene- es el momento perfecto para hacer esa llamada o escribir ese email que he venido postergando durante semanas... Y finalmente, al conectarme con esa energía poderosa, generadora, dulce, nutritiva y pacificadora que nos define en tanto mujeres, comprendí que es hora de prestar más atención a su manifestación primigenia (el útero físico, soporte de la "matriz" espiritual). 


Me explico: hace cinco años, durante la cesárea, me detectaron una serie de pequeños fibromas cuya escasa entidad llevó a que únicamente se me aconsejara un control periódico, que realicé los tres primeros años sin que dichas formaciones intrauterinas registraran ningún tipo de variación. No obstante, durante los últimos meses he venido detectando un endurecimiento bastante sospechoso a nivel del abdomen, y hoy por hoy la protuberancia -del tamaño aproximado de una pelota de tenis- se percibe fácilmente al tacto; pero por alguna razón, hasta ahora me negué sistemáticamente a afrontar tanto el malestar físico como la creencia negativa que probablemente le diera origen (Louise Hay es muy explícita al respecto en su libro "Sana tu cuerpo", pero aunque lo he recomendado enfáticamente a varias amigas con problemas de salud, no soy tan prolija a la hora de aplicar lo que predico!). 

Sin embargo, esta meditación tan especial me hizo comprender que es hora de tomar acción y empezar a cuidar en serio tanto mi físico como mis emociones, no sólo para sanar esta dolencia en particular, sino sobre todo para dejar atrás la pauta negativa a la que está asociada y por tanto prevenir que no vuelva a manifestarse a través de una nueva enfermedad...


Así que, como ven, el proceso de limpieza ha sido escabroso, y por momentos radical: había mucho terreno por nivelar, mucho escombro por remover, muchos miedos y preconceptos por desafiar, antes de poder empezar a demarcar los cimientos del futuro Hogar del Alma. Pero la parte buena es que he contado con herramientas idóneas para encarar la tarea -aunque algunas pudieran estar un poco oxidadas por el no uso-, e incluso, si fuera menester, con "ayudantes de lujo" como estas maestras que la sincronicidad ha traído para echarme una mano.

Poniendo límites

Lo cual nos lleva al siguiente paso en el proceso constructivo: cercar el predio. Ya se sabe cómo es: cuando uno no tiene bien delimitados los espacios propios, es común que sean invadidos por terceros que, aún sin mala intención, se apropian de nuestro tiempo y energía en pro de sus intereses o necesidades particulares. Así que, una vez desmalezado el terreno y barridos los escombros, había que levantar una cerca que dejara bien en claro hasta dónde pueden ir los demás sin irrumpir en nuestro dominio...

Los límites pueden ser de varias clases: rígidos o flexibles, naturales o artificiales, reales o meramente simbólicos; pero lo importante es que todos los involucrados comprendan con precisión y sin lugar a dudas sus alcances, para evitar malentendidos a futuro. Y también que, llegado el momento en que una de las partes traspase deliberada o accidentalmente las fronteras establecidas, la otra parte tenga la vehemencia suficiente para protestar y exigir el respeto de su derecho... Y es en este último punto donde he detectado mis carencias principales, sobre todo en lo que respecta a los dos amores con quienes comparto mis días.



El hombre adulto de la familia me acusa a menudo de ser una usurpadora de espacios, dada mi manía -a esta altura incurable- de ir regando cosas por cuanto sitio libre haya en la casa (ejemplo típico: llegar de la calle y dejar el saco colgado en la silla, los libros encima de la mesa, el bolso sobre el sofá, los lentes en la repisa de la chimenea y las llaves... pues vaya usted a saber dónde).  De lo que aparentemente no se da cuenta, es de que él hace lo propio pero con el tiempo: para empezar, ambos trabajamos en casa, lo cual implica una convivencia REAL 24/7, sin el "alivio" que otras parejas se conceden mutuamente al permanecer varias horas fuera del hogar por sus respectivas obligaciones laborales. Pero además, sus tareas siempre parecen ser más importantes, urgentes o impostergables que las mías, de tal manera que al grito de "¿Podés venir un segundo?", más me vale dejar cualquier cosa que tenga entre manos -sea el borrador de un post, un vestido lleno de alfileres, una ventana a medio pintar o la masa de la pascualina- y acudir raudamente al llamado, sin caer en la tentación de mencionar siquiera en broma que su actitud me parece descortés y/o egoísta, bajo pena de tener que soportar una agria cara enfurruñada por lo que resta del día... (¡sí, porque encima es rencoroso el buen señor!) 



Por su parte, el hombrecito-en-ciernes parece no tener claro todavía que en el concepto de "mamá" NO NECESARIAMENTE están implícitos el de limpiadora, enfermera, cocinera, ayuda de cámara, organizadora, animadora infantil, narradora, maestra preescolar, superheroína, agente secreto, astronauta y bruja malvada (¿o será una servidora quien no lo tiene claro realmente?). De ahí que todavía, con cinco años cumplidos, no es capaz de pasar diez minutos seguidos sin expresar algún tipo de demanda: "Mamá, ayúdame a ponerme los pantalones." "Mamá, quiero la leche". "Mamá, ¿me lees el cuento?". "Mamá, me picó un mosquito". "Mamá, ¿dónde está mi tijera verde?" (¡olvidé mencionar que heredó los genes maternos del despiste y el desorden compulsivo!) Y allá corre angustiosamente mamá-culposa a apagar el incendio de turno, mientras se pregunta si realmente tiene derecho a reclamar después de haber decidido tener un hijo único, y encima educarlo en casa...


A esta altura se estarán preguntando si realmente disfruto mi papel de mártir de la tiranía masculina (cuando en realidad, como decimos por acá, "no tiene la culpa el chancho sino el que le rasca el lomo"). La respuesta es que NO, no lo disfruto; de hecho por momentos llega a enfermarme físicamente. Pero son esquemas tan arraigados en mi mente, que muchas veces me sorprendo repitiéndolos de forma automática, sin siquiera cuestionarme si son justos o no... Y sin embargo, en el fondo sé que tengo derecho a que mis tiempos personales sean respetados sin que se me pasen facturas rayanas en el chantaje emocional.

Así que conjuntamente con la delimitación de nuestro predio, este mes decidí erigir mis propios cercos de protección: para empezar, me regalé un mini reproductor mp3 (de esos que se prenden en la solapa o en el bolsillo) y lo cargué con afirmaciones positivas, meditaciones y mi música relajante predilecta; a continuación, dejé bien en claro que cuando me vean "enchufada" con los auriculares significa que estoy en usufructo de MI tiempo (y por consiguiente sólo se permite interrumpirme en casos de riesgo de vida o incendio de la casa). 



Al hombre adulto le puntualicé además que si no estoy de acuerdo con determinadas actitudes de su parte, ya no voy a callármelo sólo "por no herir su susceptibilidad"; y al pequeño, le expliqué que a su edad hay muchas cosas que puede hacer por su cuenta (especialmente buscar la tijera verde), sin tener que recurrir a la ayuda de mamá-multifunción... Tal vez no parezca gran cosa, pero es un comienzo; y aunque el sistema lleva poco tiempo de implantado, ya me ha permitido disponer de ratos preciosos para dedicar a actividades que me nutren el espíritu como el Art Journaling, mi última pasión (gracias de nuevo, Isabel, por el aliento y la inspiración!).



Y hasta aquí llega mi crónica de hoy; espero no haberlas aburrido con estas divagaciones, y para las próximas entregas prometo volver a centrarme en la casa propiamente dicha, que es en definitiva el objetivo primordial del blog. ¡Buena semana para todas!

NOTA AL MARGEN: las imágenes que ilustran la última parte de esta entrada corresponden a la construcción de nuestra flamante cerca de palets DIY, sobre la cual me explayaré el viernes cuando me reincorpore oficialmente a los "Findes Frugales"...
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