La verdad, no sé cómo empezar esta entrada. Ni siquiera sé si realmente tenía ganas de escribirla; pasé tantos días alejada del mundo virtual, que he perdido un poco la práctica y el método... Y
sin embargo, hoy algo me empujó a sentarme frente a la computadora, a dar una ojeada más o menos atenta por algunos blogs amigos, a revisar la carpeta de fotos que voy juntando (igual que los cachivaches de mi taller) "por si acaso" un día me sirven para ilustrar algún post; y casi sin darme cuenta, me encontré despuntando el vicio e intentando una vez más lanzar algunas palabras medianamente coherentes al ciberespacio.
Quienes me conocen desde hace más tiempo, ya saben que estas "desapariciones episódicas" forman parte de mi personalidad bloguera; y también pueden augurar que excusas más, excusas menos (que si el estrés, el exceso de trabajo o la falta de inspiración) al final siempre acabo regresando al trillo. Esta vez, sin embargo, la ausencia no tuvo nada de voluntaria: ¿se acuerdan cuando allá por febrero les contaba que venía sintiendo "un endurecimiento bastante sospechoso a nivel del abdomen", el cual yo atribuía a un probable crecimiento de fibromas dentro del útero? Pues no, resultó que mi útero estaba en perfectas condiciones (¡fuera el miedo a la histerectomía!); pero igualmente, el último día de marzo debí ser sometida a una cirugía de urgencia para extirparme un quiste descomunal -dicen quienes lo vieron que tenía el tamaño de un huevo de avestruz- que se había alojado en uno de los ovarios, y cuyo desmesurado crecimiento provocó en determinado momento una torsión que me ocasionaba accesos de dolor indescriptible...
Tranquilas: esta vez no voy a torturarlas con ninguna selfie (como hice cuando el accidente en moto), ni mucho menos ponerme a filosofar sobre las eventuales causas metafísicas del malestar -dicha elaboración ya la realicé para mí misma durante estos largos días de convalecencia, así que las eximo del sermón-. De hecho, decidí tomarme el tema con el máximo humor posible: de buen grado adopté la broma que circulaba entre las enfermeras acerca del "Alien" que estaba creciendo en mi panza ("¡faltó poco para que saliera solito, como el de la película!", decían en tono jocoso mientras me efectuaban las curaciones); y ante la propuesta de mi ginecóloga de pasarme a cirujano plástico apenas la herida esté cicatrizada, incluso tuve ánimos para sugerir: "¿será que aprovecha y me hace una lipo por el mismo precio?"
Sin embargo, los días posteriores no han sido especialmente placenteros, para ser franca. La travesía hospitalaria me ha dejado una "bonita" costura en forma de T invertida que sube desde el pubis hasta el ombligo, y que me obliga a permanecer día y noche encorsetada como la mismísima María Antonieta (¡yo que toda mi vida anhelé vestirme como una auténtica dama victoriana! "Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad en la forma menos esperada" :D ) No puedo permanecer mucho rato de pie, ni sentada, ni acostada; y aunque afortunadamente el peor período de dolor y molestias ya está superado, ahora lidio con la frustración de tener que pedir ayuda para cosas tan simples como levantarme de la cama o cortarme las uñas de los pies!
Y desde luego, lo que más me perturba es no poder estar allí, en el terrenito cercano al océano donde mi futura cabaña sigue creciendo, aunque ahora a ritmo mucho más lento. Sólo a título informativo, en el lapso que medió entre mi última anotación de bitácora y la remake casera de "Aliens 3", habíamos avanzado bastante en la edificación: con la ayuda de mi suegro -que vino a pasar unos días con nosotros, y nos obsequió su invalorable experiencia como constructor- se erigió toda la estructura de lo que será la futura cocina. Para ello, una vez más, hubo que demoler paredes...
| ANTES DEL HURACÁN... |
| ... Y DESPUÉS!!! |
...medir y cortar...
...ajustar y atornillar...
Luego, fue hora de empuñar serrucho y martillo para comenzar a colocar el entrepiso (conste, las fotos son testimoniales de que cuando uso el "nosotros" no lo hago en mero sentido figurado!)
¿Y qué hay del pequeño artista de la familia? Bueno, lo cierto es que permaneció absorto en el dibujo mientras el techo iba literalmente avanzando sobre su cabeza...
...aunque en las pausas del trabajo, disfrutó de algún paseo por el bosque en compañía de papá...
...y hasta estrenó un sube-y-baja DIY que reunió a su alrededor a las tres generaciones!
Desafortunadamente, el optimismo entusiasta de esos días no duró demasiado: en menos de veinticuatro horas mi suegro debió retornar a su ciudad, y una servidora fue ingresada de urgencia para protagonizar la película de terror ya referida. Entretanto, el proyecto de casita costera quedó allí, sumido en una suerte de impasse, como un barco a la deriva con incierto destino...
Ayer, después de tres semanas de inmovilidad (imprescindibles para que mi cuerpo empezara a restañar sus heridas internas, y la familia recuperase lentamente el
ritmo de su rutina habitual), finalmente me atreví a subirme de nuevo al veterano rutero para visitar la obra por un par de horas, y apreciar los pequeños avances que el empeño tenaz de mi compañero ha logrado encaminar en ratos perdidos.
La sensación fue un tanto ambigua: por un lado, no pude evitar sentirme atada, traicionada por mi propio cuerpo en el momento en que más manos se necesitaban para sacar el proyecto adelante. Pero por otro lado advertí que tras la distancia forzosa, de algún modo volvía a enamorarme del lugar, de su energía especial, de su naturaleza agreste y colorida...
Y entonces comprendí que nuestro anhelado "Hogar del Alma" no ha naufragado; sólo duerme la siesta en medio de una calma chicha, aguardando pacientemente los vientos favorables que hinchen las velas y permitan retomar el curso correcto.
Porque
él nos conoce: sabe que no somos de los que se dejan vencer por las
piedras del camino, y que aunque de vez en cuando tropecemos con ellas, siempre terminamos usándolas como materia prima para esculpir
nuestros sueños...
Hasta muy prontito, bendiciones para todas.





