"El hogar con el que siempre has soñado habita dentro de ti."
SARAH BAN BREATHNACH

sábado, 25 de abril de 2015

Las piedras del camino


La verdad, no sé cómo empezar esta entrada. Ni siquiera sé si realmente tenía ganas de escribirla; pasé tantos días alejada del mundo virtual, que he perdido un poco la práctica y el método... Y sin embargo, hoy algo me empujó a sentarme frente a la computadora, a dar una ojeada más o menos atenta por algunos blogs amigos, a revisar la carpeta de fotos que voy juntando (igual que los cachivaches de mi taller) "por si acaso" un día me sirven para ilustrar algún post; y casi sin darme cuenta, me encontré despuntando el vicio e intentando una vez más lanzar algunas palabras medianamente coherentes al ciberespacio.

Quienes me conocen desde hace más tiempo, ya saben que estas "desapariciones episódicas" forman parte de mi personalidad bloguera; y también pueden augurar que excusas más, excusas menos (que si el estrés, el exceso de trabajo o la falta de inspiración) al final siempre acabo regresando al trillo. Esta vez, sin embargo, la ausencia no tuvo nada de voluntaria: ¿se acuerdan cuando allá por febrero les contaba que venía sintiendo "un endurecimiento bastante sospechoso a nivel del abdomen", el cual yo atribuía a un probable crecimiento de fibromas dentro del útero? Pues no, resultó que mi útero estaba en perfectas condiciones (¡fuera el miedo a la histerectomía!); pero igualmente, el último día de marzo debí ser sometida a una cirugía de urgencia para extirparme un quiste descomunal -dicen quienes lo vieron que tenía el tamaño de un huevo de avestruz- que se había alojado en uno de los ovarios, y cuyo desmesurado crecimiento provocó en determinado momento una torsión que me ocasionaba accesos de dolor indescriptible...


Tranquilas: esta vez no voy a torturarlas con ninguna selfie  (como hice cuando el accidente en moto), ni mucho menos ponerme a filosofar sobre las eventuales causas metafísicas del malestar -dicha elaboración ya la realicé para mí misma durante estos largos días de convalecencia, así que las eximo del sermón-. De hecho, decidí tomarme el tema con el máximo humor posible: de buen grado adopté la broma que circulaba entre las enfermeras acerca del "Alien" que estaba creciendo en mi panza ("¡faltó poco para que saliera solito, como el de la película!", decían en tono jocoso mientras me efectuaban las curaciones); y ante la propuesta de mi ginecóloga de pasarme a cirujano plástico apenas la herida esté cicatrizada, incluso tuve ánimos para sugerir: "¿será que aprovecha y me hace una lipo por el mismo precio?"

Sin embargo, los días posteriores no han sido especialmente placenteros, para ser franca. La travesía hospitalaria me ha dejado una "bonita" costura en forma de T invertida que sube desde el pubis hasta el ombligo, y que me obliga a permanecer día y noche encorsetada como la mismísima María Antonieta (¡yo que toda mi vida anhelé vestirme como una auténtica dama victoriana! "Ten cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad en la forma menos esperada" :D ) No puedo permanecer mucho rato de pie, ni sentada, ni acostada; y aunque afortunadamente el peor período de dolor y molestias ya está superado, ahora lidio con la frustración de tener que pedir ayuda para cosas tan simples como levantarme de la cama o cortarme las uñas de los pies!

Y desde luego, lo que más me perturba es no poder estar allí, en el terrenito cercano al océano donde mi futura cabaña sigue creciendo, aunque ahora a ritmo mucho más lento. Sólo a título informativo, en el lapso que medió entre mi última anotación de bitácora y la remake casera de "Aliens 3", habíamos avanzado bastante en la edificación: con la ayuda de mi suegro -que vino a pasar unos días con nosotros, y nos obsequió su invalorable experiencia como constructor- se erigió toda la estructura de lo que será la futura cocina. Para ello, una vez más, hubo que demoler paredes...

ANTES DEL HURACÁN...
... Y DESPUÉS!!!

 ...medir y cortar...


 ...ajustar y atornillar...


...hasta lograr que el "esqueleto" quedara firme en su sitio.


Luego, fue hora de empuñar serrucho y martillo para comenzar a colocar el entrepiso (conste, las fotos son testimoniales de que cuando uso el "nosotros" no lo hago en mero sentido figurado!)


¿Y qué hay del pequeño artista de la familia? Bueno, lo cierto es que permaneció absorto en el dibujo mientras el techo iba literalmente avanzando sobre su cabeza...

 

...aunque en las pausas del trabajo, disfrutó de algún paseo por el bosque en compañía de papá...


...y hasta estrenó un sube-y-baja DIY que reunió a su alrededor a las tres generaciones!


Desafortunadamente, el optimismo entusiasta de esos días no duró demasiado: en menos de veinticuatro horas mi suegro debió retornar a su ciudad, y una servidora fue ingresada de urgencia para protagonizar la película de terror ya referida. Entretanto, el proyecto de casita costera quedó allí, sumido en una suerte de impasse, como un barco a la deriva con incierto destino...


Ayer, después de tres semanas de inmovilidad (imprescindibles para que mi cuerpo empezara a restañar sus heridas internas, y la familia recuperase lentamente el ritmo de su rutina habitual), finalmente me atreví a subirme de nuevo al veterano rutero para visitar la obra por un par de horas, y apreciar los pequeños avances que el empeño tenaz de mi compañero ha logrado encaminar en ratos perdidos. 

La sensación fue un tanto ambigua: por un lado, no pude evitar sentirme atada, traicionada por mi propio cuerpo en el momento en que más manos se necesitaban para sacar el proyecto adelante. Pero por otro lado advertí que tras la distancia forzosa, de algún modo volvía a enamorarme del lugar, de su energía especial, de su naturaleza agreste y colorida...


 Y entonces comprendí que nuestro anhelado "Hogar del Alma" no ha naufragado; sólo duerme la siesta en medio de una calma chicha, aguardando pacientemente los vientos favorables que hinchen las velas y permitan retomar el curso correcto. 

Porque él nos conoce: sabe que no somos de los que se dejan vencer por las piedras del camino, y que aunque de vez en cuando tropecemos con ellas, siempre terminamos usándolas como materia prima para esculpir nuestros sueños...


Hasta muy prontito, bendiciones para todas.
Continuar leyendo...

martes, 17 de marzo de 2015

Nada se pierde, todo se transforma


Supongo que, como en todas las cosas de la vida, debe haber una manera "correcta" de encaminar un proyecto constructivo (de lo contrario no habría tanta gente quemándose las pestañas durante años en la facultad de Arquitectura). Pero junto al camino técnicamente idóneo corren una serie de senderos más o menos paralelos, de métodos o procedimientos sui generis que personas como nosotros, ajustados a un presupuesto implacable, van explorando en el camino hacia la vivienda propia... 

Es así que durante las últimas semanas, nuestro entusiasmo ha sido puesto a prueba por un par de factores externos de no poco peso: por un lado, las trabas burocráticas al préstamo bancario que debía financiar la parte "gruesa" de la obra; y por otro, una inesperada huelga de camioneros en Brasil que determinó la ausencia de madera en los mercados locales. 

En otras palabras: el orden lógico que habíamos pensado seguir en un principio (construir primero el área social, luego las áreas de servicio y después el piso superior con los dormitorios) fue alterado por estos dos imprevistos, y de pronto nos vimos en la alternativa de parar la construcción a la espera de vientos más favorables, o empezar a trabajar "con lo que teníamos a mano"... ¡y desde luego esto último fue precisamente lo que hicimos! Tomando como base la pequeña edificación ya existente, decidimos comenzar los trabajos por el lugar más privado de todos (y el único que, por su función, debe necesariamente estar construido de bloques y cemento): el baño.

En el ámbito urbano, donde normalmente existen servicios públicos de alcantarillado, el tema que voy a exponer hoy probablemente no interese a nadie, e incluso resulte desagradable de mencionar; pero para quienes habitamos en áreas rurales, el tratamiento de las aguas residuales de origen doméstico -y en particular el de las llamadas "aguas negras"- deviene un asunto prioritario para la salubridad y comodidad de la vivienda. La solución más difundida en nuestro vecindario es el típico pozo ciego: una cámara cerrada, forrada de ladrillos o bloques de concreto, donde se almacenan temporalmente los residuos cloacales y que debe desagotarse cada cierto tiempo, cuando su capacidad se encuentra colmada. Pero hay que ser especialmente cuidadosos en la forma y ubicación de los pozos ciegos a fin de que sus inevitables filtraciones contaminen de coliformes las napas de agua subterránea, teniendo en cuenta que -si bien existe red de agua corriente- muchos de los residentes permanentes obtienen su agua potable exclusivamente de pozos artesianos...

Sin embargo, aquí tengo que ser totalmente honesta: en principio no fue el aspecto ecológico sino el económico, el que nos motivó a buscar alternativas al método tradicional. La verdad es que el costo de construcción del pozo ciego nos pareció excesivo en relación con el rendimiento que, según los vecinos, se obtiene en la zona (considerando que el suelo es arenoso, y las napas de agua relativamente superficiales); por eso fue que, con la ayuda invalorable de Internet, comenzamos a investigar cómo resuelven el tema en otras regiones de Brasil. Así dimos con un sistema que reunía todas las características que buscábamos: económico, sencillo de construir y sobre todo, beneficioso para el medio ambiente. Se trata de la Fosa Séptica Biodigestora, diseñada por el investigador Antonio Pereira de Novaes -veterinario y microbiologista- y promovida por EMBRAPA (entidad pública brasileña de investigación agropecuaria) como sistema ideal de procesamiento de aguas residuales para millones de brasileños que viven en asentamientos rurales.


La propuesta no puede ser más sencilla: tres tanques enterrados en hilera e inter
comunicados por tubos de PVC, al primero de las cuales se conecta directamente la cañería proveniente del inodoro. El sistema realiza la descomposición anaerobia de las aguas negras tal como ocurre en la naturaleza: apelando a la acción de bacterias (como las presentes en el estiércol del ganado vacuno), que ayudan a descomponer totalmente los residuos sólidos humanos y generan al final del proceso un efluente libre de coliformes, apto incluso para riego de frutales y sembradíos.  Al no generar lodos residuales, el sistema no requiere mantenimiento -salvo el agregado mensual de una pequeña cantidad de estiércol bovino disuelto en agua- y tampoco es necesario desagotarlo como a los pozos ciegos tradicionales. En otras palabras, hace total honor a la famosa ley de Lavoisier: "Nada se pierde, todo se transforma..."

En un principio y a título experimental, el método se probó usando tanques de fibra de vidrio o de hormigón; pero debido al alto costo de los mismos, se buscó desarrollar opciones más económicas que permitieran extender la solución sanitaria a sectores  más amplios de la población. Así comenzaron a utilizar tambores plásticos reciclados, los cuales -adoptando determinadas precauciones de instalación- permitieron obtener un resultado prácticamente tan óptimo como el del prototipo y a la vez, por su accesibilidad, transformaron  el sistema en una auténtica tecnología social. 

Paso ahora a contarles cómo construimos nuestra Fosa Séptica Biodigestora "versión DIY": primero conseguimos tres tarrinas plásticas de 240 lt. de capacidad, de las usadas para importar aceitunas. 


En cada tarrina se practican dos orificios enfrentados (con un desnivel de aproximadamente cuatro dedos entre uno y otro), que servirán para introducir caños de PVC de 100/110 mm. Lo ideal es realizar las perforaciones utilizando taladro y una mecha copa, como la que se ve en esta foto:

Fuente

Pero como en el momento carecíamos de la consabida herramienta, mi compañero ideó un sistema casero para perforar el plástico: calentó al fuego una lata de duraznos vieja...


...y la aplicó sobre el lateral de la tarrina, haciendo presión hasta que los bordes de la lata marcaron el contorno del círculo. Repitió el procedimiento  hasta lograr traspasar el espesor del plástico, ayudándose con un cuchillo en las partes difíciles...


...y voilá! Orificios perfectos y justo a la medida de los caños. 


Como siempre, cargamos todas las piezas del rompecabezas en nuestro infatigable rutero -que como todo viejito acusa algunos achaques de vez en cuando,  pero jamás nos deja a pie- y marchamos rumbo a la obra.


Una vez in situ, la otra mitad del equipo procedió a excavar una fosa de aproximadamente tres metros de longitud por uno de ancho y uno de profundidad (no sin ciertos contratiempos, debido a que las paredes de arena tienden a desmoronarse fácilmente)...


A continuación, colocamos las tarrinas en su sitio, unidas entre sí por tramos de caño de unos 60 cm., cuyas conexiones a los tanques se sellaron con silicona fría. El fondo de la fosa debe tener un ligero declive, de tal manera que cada tanque quede en desnivel -basta con un 3%- respecto del anterior. A la tapa de la primera tarrina se le practicó además un orificio de 40 mm a fin de conectar un caño respirador (el proceso de descomposición anaerobia genera pequeñas emisiones de gas metano, totalmente inodoro).

En el interior de cada tarrina colocamos las siguientes piezas de PVC: conectada al tramo de caño que entra, una pieza en forma de codo hacia abajo, cuya función es no producir "olas"; y conectada al segmento que sale hacia la siguiente tarrina, una pieza en forma de "T" que permite el ingreso de aire a fin de facilitar el pasaje de los desechos líquidos entre los tanques.


Finalmente, entre el caño que provendrá del inodoro y la primera tarrina, colocamos una "T" con tapa, que funciona como pequeña cámara donde una vez al mes se debe verter 10 litros de agua con estiércol de vaca fresco diluído (algo relativamente fácil de conseguir en nuestra zona, donde varios vecinos tienen vacas lecheras) a fin de agilitar el proceso de descomposición.

 
 

Desde el último tanque parte un caño más largo -aproximadamente tres metros- que se coloca en una zanja cavada a tal efecto; a este caño pueden practicársele orificios a lo largo de toda su extensión a fin de que el efluente se vuelque directamente al suelo (como ya expliqué no contiene ningún elemento contaminante, y de hecho constituye un excelente abono para frutales y plantas ornamentales) o bien, como en nuestro proyecto, dirigirlo a un estanque filtrante hacia donde también se canalizarán las aguas grises -provenientes de la ducha, lavabo y cocina- para generar con ellas un reservorio de riego con destino a la huerta orgánica (pero eso será material de otro post... así que por ahora me limito a hacer el anuncio).

El último paso es volver a llenar la fosa con tierra -en nuestro caso arena-, dejando sólo la parte de las tapas sin enterrar. Como nosotros no vamos a poner el sistema en funcionamiento de inmediato (primero tenemos que ampliar la estructura del cuarto de baño preexistente), optamos por llenar las tarrinas con agua hasta aproximadamente 2/3 de su capacidad, a fin de evitar que la presión de la arena pudiera hacer colapsar las paredes de los tanques (esta medida no sería necesaria si se conecta el sistema a un baño ya operativo). 


Para evitar la circulación directa sobre la instalación colocamos encima unos pequeños palets sobrantes de la cerca, que disimulan a la vista las tapas plásticas de los tanques, y al mismo tiempo constituyen una suerte de mini deck donde en un futuro próximo encontrarán alojamiento algunas coquetas macetas con plantas... 


Pero todo a su tiempo: por ahora, la tarea continúa llenando vigas y levantando paredes de bloques cerámicos -ticholos o tijolos, según de qué lado de la frontera se adquieran- para la ampliación del baño de la que les hablaba antes. Y en eso están los hombres de la casa en tanto una servidora prepara las fotos para este post; es que lo del cemento no se me da muy bien (ya cuando lleguemos a la madera será otro cantar...)

 
 

Así que mientras ellos trabajan, yo me afano en visualizar cómo transformar ésto...


...en algo como ésto:

Fuente
Fuente
Fuente

(aunque no parezca un aporte muy considerable, lo de las visualizaciones funciona, así sea a largo plazo... ¡lo sé por experiencia!)

Y con esto termino mi anotación de bitácora por hoy; la próxima etapa del proyecto consistirá en comenzar el montaje estructural de la cabaña. Pero antes hay que "curar" con aceite quemado la friolera de 30 columnas y 40 vigas además de un número no especificado de tirantes, todo recién llegado de la maderera... y en ratos libres, ir recuperando algunas aberturas rescatadas por monedas de diversas demoliciones (ya saben: levantar tropecientas capas de pintura vieja, lijar, enmasillar, volver a lijar, en ocasiones recortar, ajustar, cambiar herrajes... naderías, bah). 

Igualmente, aprovecharé este par de días de "descanso" para tratar de visitar mis blogs amigos y ponerme al día con sus novedades. Pero por si no pudiera complir con todas y reciprocarles individualmente, desde ya quiero expresar mi más profundo agradecimiento por cada uno de los afectuosos comentarios que me han dejado desde que empezó esta loca aventura. Tal vez parezca exagerado, pero en momentos de cansancio o de desánimo me vienen a la memoria esas palabras de aliento y de cariño llegadas desde tan lejos, y de algún modo ello me da fuerzas para continuar gestando un sueño que por momentos parece quimérico...

¡Un abrazo gigante, y hasta nuestro próximo encuentro!
Continuar leyendo...