"El hogar con el que siempre has soñado habita dentro de ti."
SARAH BAN BREATHNACH

domingo, 31 de enero de 2016

Aprendizajes


"La puerta rechina un poco bajo la presión de mi mano. Apenas entrar, un perfume único me envuelve sutilmente: aroma a resina de pino mezclado con frambuesas recién cosechadas, ropa secada al sol, solvente de pintura y un cierto remanente de la salsa de anoche. Me quito los zapatos -sintiendo el impulso ancestral de quien ingresa a un santuario- y complacida apoyo mis pies descalzos sobre las baldosas rústicas, mientras me dejo abrazar por la energía del entorno: por fin estoy en casa."
Han pasado varios meses desde la última incursión por esta bitácora virtual. Fueron tiempos marcados por peripecias domésticas y espirituales, en los que recorrí caminos sinuosos e incluso llegué a cuestionarme el sentido mismo de ser bloguera. Contagiada por el entusiasmo de mi desmesurada amiga Paula, en algún momento supuse que valía la pena intentar abrir dentro del universo 2.0 un espacio un poco más "profesional": así nació Entre nosotras, un proyecto de intercambio vivencial destinado a compartir con otras mujeres conocimientos metafísicos y prácticos que he ido cosechando a lo largo de los años, y eventualmente dar lugar a un emprendimiento online orientado al crecimiento personal, familiar, laboral y espiritual, donde en mi calidad de "consejera intuitiva" -según la propia Paula dio en definirme- proporcionaría herramientas de autosuperación y empoderamiento femenino a través de videos, e-books, webinars, etc. (en resumen, como expresé alguna vez, una especie de "Albergue de las Mujeres Tristes" pero en versión virtual). Y como soy de las personas que no descartan ningún camino antes de haberlo recorrido al menos por un tiempo, me aboqué a la tarea con toda la voluntad y aplicación de una alumna esmerada...


No voy a alargar inútilmente la historia: al cabo de tres semanas de calendarios editoriales estrictos, exhaustiva investigación (porque había que variar los temas para no aburrir), escritura a conciencia -incluso variando mi estilo habitual, que empezó a parecerse sospechosamente al de mi mentora-, complicadas estrategias de promoción en redes sociales y romances más o menos tortuosos con conceptos como visibilidad, estadísticas, newsletters y lista de suscriptores, un acceso de fiebre de origen desconocido que me postró en cama durante seis días obligó a mirarme al espejo y admitir lo evidente:  no soy, ni quiero ser, una bloguera "pro". Para ser exacta, mi proverbial extremismo me llevó a preguntarme seriamente si valía la pena seguir siendo bloguera a secas... Y como acostumbro hacer cada vez que un cuestionamiento existencial perturba mi espíritu, decidí tomarme un tiempo de retiro en el monasterio interior, aislada casi por completo del universo virtual y ensimismada en el trajinar cotidiano (ya lo dijo Sarah Ban Breathnach: las tareas domésticas pueden transformarse en una estupenda forma de meditación), hasta hallar dentro de mí misma las respuestas que buscaba.

¡Y vaya si las encontré! Descubrí, por ejemplo, que me parezco más a una maratonista que a una corredora de 100 metros: si bien poseo la resistencia y perseverancia para afrontar un esfuerzo sostenido y un paso constante durante muchos kilómetros, la velocidad o inmediatez (condiciones esenciales en el "universo paralelo" de Internet y las redes sociales) no son para nada mi fuerte, y de hecho me abruman completamente. Ya lo he confesado en reiteradas oportunidades: soy una persona de temperamento SLOW, por tanto cualquier actividad real o virtual que implique celeridad o apresuramiento me resulta inevitablemente estresante; y después de haber convivido a diario con el estrés por un cuarto de siglo -primero como estudiante y luego como profesional- hasta el punto de poner en serio riesgo mi salud física y mental, en esta etapa de mi vida ELIJO divorciarme definitivamente de ese conviviente tóxico y mantenerlo, dentro de lo posible, a prudencial distancia (por ejemplo me niego visceralmente a conducir un auto, aun a riesgo de transformarme a futuro en una patética parodia de Driving Miss Daisy...)


Por otro lado -y aunque me llevó algo más de tiempo-, finalmente alcancé a comprender que no tengo por qué sentirme frustrada o fuera de foco porque mis intereses o formas de expresión no vayan "con la corriente". En otras palabras: el hecho de que casi todo el mundo pronostique que el éxito laboral presente y futuro está condicionado a saber moverse en un mundo globalizado y a manejar eficientemente la realidad virtual generada por Internet, no necesariamente significa que eso sea verdad para mí... y de hecho NO LO ES. Si bien me apasiona la perspectiva de aplicar mi natural empatía para orientar y motivar a las personas en general -y a las mujeres en particular- a fin de que logren un mayor bienestar en todos los aspectos de su vida, comparando diez años de experiencia como terapeuta Reiki con este brevísimo rol de "consejera intuitiva virtual" llegué a la conclusión de que para que mi tarea realmente rinda frutos es imprescindible el contacto físico directo, presente, sensorial. Aunque haya hoy por hoy miles de "emprendedores" ganándose legítimamente la vida con una variopinta oferta de cursos y programas de autoayuda online, a mí no me basta con escribir -y tal vez, excepcionalmente, disertar- con aires de lejana autosuficiencia desde el otro lado de una pantalla. Necesito mirarte a los ojos mientras conversamos, compartir una taza de chocolate caliente o un té helado, tomarte de la mano, respirar a tu ritmo, acompañarte en una meditación, abrazarte si es preciso...

Y si te sorprende que te hable así, de tú a tú, déjame contarte que ese fue uno de los aprendizajes más valiosos de mi experiencia Entre nosotras: descubrí que me siento mucho más cómoda escribiéndote de primera a segunda persona del singular, en vez de los plurales que solía usar en el pasado para dirigirme a un público lector al que, en cierta forma, sentía indefinido y anónimo (¡gracias una vez más, Pau, por contribuir a que hallara un estilo mucho más auténtico!). Otra cosa que aprendí es que, más allá de mantener como bloguera mi habitual estética barroca, el contenido de los posts necesita un mínimo de limpieza y claridad para permitir su accesibilidad no sólo desde la PC sino también desde los nuevos compañeros tecnológicos que han invadido nuestra cotidianidad, como las tablet o los smartphones; así que a partir de ahora procuraré publicar en un formato y con un tipo de fuente más "tradicionales", para que puedas leerme cómodamente desde donde te encuentres y sea cual sea tu herramienta de acceso a esta comunidad virtual...


Porque a esta altura ya te habrás dado cuenta: después de pensármelo bien durante meses, la respuesta a mi pregunta de "si valía la pena seguir siendo bloguera" acabó siendo un rotundo SÍ. Aunque sea un sí condicionado a ciertas reglas -que dicho sea de paso, son prácticamente las mismas que aplico a mis diarios personales-: escribir cuando, cuanto y acerca de lo que me inspire cada momento particular de mi vida, sin presiones, agendas ni calendarios, sin contar visitas, planificar estrategias de marketing o tener en cuenta fluctuaciones de tráfico; o dicho en el lenguaje de Paula, enarbolando con orgullo y rebeldía subversiva mi bandera de bloguera hedonista

Por eso, si bien no cerraré Entre nosotras (porque entiendo que el contenido allí incluido todavía puede resultar de interés y utilidad para potenciales lectoras, y porque no descarto reflotarlo a futuro, si las circunstancias lo ameritan), en este momento particular he preferido regresar a mi House of Belonging y retomar el propósito original de compartir contigo, paso a paso, cómo es posible construir desde cero un auténtico hogar/santuario para el cuerpo, la mente y el Alma... De ahí que hallara oportuno encabezar este primer post del año con una cita de mis "Páginas Matinales", donde plasmé una bella epifanía cotidiana inspirada en mi nueva casa, pero que también describe a la perfección las sensaciones experimentadas en el retorno al mundo blogger.


Por lo pronto, te adelanto que este incipiente 2016 nos empujó, como familia, a una decisión tan arriesgada como emocionante: mudarnos definitivamente a nuestro rincón costero, si bien la cabaña en sí misma todavía dista bastante de poder ser definida como una "vivienda habitable". Al igual que el fin de año anterior -cuando nos embarcamos en el alocado proyecto de construirla con nuestras propias manos y dentro de un presupuesto mínimo-, este pasado diciembre nos confrontó con una difícil disyuntiva: continuar pagando alquiler en la casa de Chuy y progresando a pasos de bebé en la construcción, o lanzarnos en caída libre a la aventura de la mudanza y así generar el ahorro necesario para acelerar las obras... Y una vez más elegimos el riesgo gozoso de la incertidumbre, aún a sabiendas de que durante unos meses probablemente debamos vivir en una suerte de "campamento improvisado" donde la palabra PROVISORIO parece haberse transformado en nuestro mantra diario. Si me preguntas, no sabría decirte si somos osados o estamos locos: probablemente haya un poco de cada cosa. Lo cierto es que, a pesar de las precarias condiciones de vida y por más que nuestro veraneo no se ajuste para nada a los cánones tradicionales, la estabilidad emocional que ganamos al estar "por fin en casa" -después de un año entero de tener dos domicilios y no VIVIR en ninguno- y la extraordinaria energía del lugar y su Naturaleza exuberante, nos llenan en cuerpo y alma de un regocijo difícil de explicar con palabras...

Pero de eso te empiezo a contar en unos días, ya que tengo un montón de pequeñas novedades por compartir tanto en texto como en imágenes (otra de las agradables sorpresas de las pasadas semanas fue que, incluso en medio de una mudanza, surgen "viñetas" de sencilla belleza que sólo esperan por un ojo avizor -y una cámara oportuna- para florecer en todo su esplendor). Por ahora me despido, deseándote un feliz comienzo de año y agradeciéndote una vez más por estar ahí... y si me esperas con paciencia, te prometo que prontito paso también a visitarte "como en los viejos tiempos". ¡Abrazos y mil bendiciones!

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viernes, 7 de agosto de 2015

Construyendo puentes

Jardín japonés, Museo Blanes (Montevideo/Uruguay)

Seguramente al leer el título, algunas de ustedes se habrán sentido desorientadas. ¿Es que edificar una casa no le resultó bastante desafío?¿ahora pensará dedicarse a la ingeniería?, quizá más de una se haya preguntado, entre la risa y el asombro. 

Tranquilas, no es nada de eso. De hecho y sólo a los efectos informativos, diré que la obra de nuestra cabaña playera sigue paralizada, en parte debido a los contratiempos ya explicados en entradas anteriores -carencia temporal de locomoción para trasladar materiales- y en parte debido a un clima impredecible que tan pronto nos castiga con sensaciones térmicas cercanas a 0ºC como nos obsequia "veranillos" agobiantes que pronto se decantan en tormentas intensas y lluvias torrenciales -desde hace semanas en el sur de Brasil, y ahora también en Uruguay, hay miles de personas evacuadas de sus hogares por causa de las inundaciones...- 

Entonces, ¿qué ando haciendo por acá?¿No es acaso este un blog destinado a documentar la construcción de mi casa?

Bueno, no exactamente. Es verdad, trata sobre CONSTRUIR; pero la cabaña, en cuanto objeto material, se ha manifestado apenas como un modesto símbolo de un proceso mucho más amplio y profundo. Como les contaba en uno de los primeros posts, desde el inicio mismo de nuestra aventura constructiva intuí que junto con los trabajos de edificación propiamente dichos, se estaba gestando una transformación profunda a nivel interior, destinada en última instancia a generarme una nueva realidad, más auténtica y acorde a los anhelos de mi Ser Esencial...


En el Tarot, las transformaciones radicales están representadas por el Arcano XVI: LA TORRE. La imagen alegórica correspondiente nos muestra un torreón alcanzado por un rayo, cuya parte superior se desmorona entre una lluvia de rocas y escombros, mientras -en las versiones clásicas- dos figuras humanas caen al vacío desde la misma. En su significado adivinatorio, la Torre anuncia un tiempo de cambio drástico y repentino, así como la destrucción de todo tipo de estructuras que, aunque proporcionan seguridad, limitan los actos humanos; indica una profunda crisis de personalidad y derrumbamiento del yo interior y de todo cuanto éste representa. 

Si bien en primera instancia creí entender que las tareas preparatorias  para la construcción de nuestro futuro hogar encerraban una metáfora sobre la necesidad de hacer "limpiezas" interiores -de hábitos, de guardarropa y de pensamientos negativos- así como de "poner límites" frente a las demandas energéticas de los demás (especialmente de los dos hombres de mi vida), la Torre se presentó intempestivamente -como es su característica- en el plano que menos esperaba: mi salud. Una delicada intervención quirúrgica de urgencia, con su consiguiente período de convalecencia, me obligó a mirar desde otra perspectiva todos los planes y proyectos que hasta ese momento habían sido prioritarios. De pronto, los exigentes cronogramas constructivos elaborados a principios de año se resquebrajaban, las expectativas de mudanza rápida caían fulminadas por el rayo y la casa, que hasta entonces había sido el símbolo visible de mis objetivos inmediatos, quedaba -igual que la torre del Tarot- literalmente "descabezada"...


Claro que, como toda tormenta, ésta también amainó a su tiempo; y tímidamente volvió a salir el sol. Entonces fue hora de elaborar el reporte de daños y empezar lentamente a remover los escombros dejados por el temporal, para después reformular los bocetos y planificar el comienzo de la reconstrucción... Ahora, una vez limpio el predio donde antes se alzó la Torre, ¿qué sería prudente construir? En el plano puramente físico el objetivo estaba bien definido; pero en el plano metafísico la cosa no parecía tan clara... ¿Sería hora de erigir una nueva casa? ¿una escuela? ¿un santuario? ¿una fortaleza militar? ¿o un gran complejo edilicio que incluyera todo lo anterior? 

Justo en ese momento -como muestra de la perfecta sincronía del Universo- apareció en mi horizonte Paula, una mujer brillante, multifacética en sus desmesuras y con una asombrosa capacidad de convencimiento, para invitarme a seguirla en un proyecto de transformación personal en forma de blog al que dio en llamar, evocativamente, INTENSIONAL. Entre las variadas herramientas que con generosidad ofrecía a aquellas que se atrevieran a acompañarla en el camino del autodescubrimiento y la búsqueda del bienestar, estaba un diario-bitácora donde se supone que debíamos asentar nuestros propios propósitos de cambio, así como la identificación de las creencias negativas que nos frenaban en el intento de materializarlos, y las estrategias que fuésemos capaces de diseñar para superar dichas creencias y alcanzar los objetivos. Y justamente, mientras trabajaba con afán en mi Diario Intensional, sobrevino la revelación de cuál debía ser mi próximo proyecto "constructivo"...

¡Había que tender PUENTES!


 ¿Cómo no se me ocurrió antes? Después de todo, parecía tan obvio... Los puentes acercan puntos aparentemente distantes, permiten alcanzar orillas antes inaccesibles, y nos transportan a salvo por encima de desfiladeros y hondonadas que a priori nos hubiesen parecido insalvables. Y yo, desde el vamos, tenía unos cuantos puentes que construir:

-el puente hacia una salud integral, levantado sobre los pilares de la alimentación natural, la actividad física recreativa y el cuidado personal interior y exterior, con especial énfasis en la erradicación de emociones tóxicas;

-el puente hacia una maternidad plena, cuya construcción implica despejar los obstáculos de la culpa y el perfeccionismo, utilizar la creatividad y la tolerancia como herramientas principales, y aceptar de plano que es una obra necesariamente realizable por etapas; 

-el puente hacia la satisfacción afectiva, el cual a veces sólo requiere limpiar y reforzar los cimientos primigenios de las relaciones, sean éstas de pareja o de amistad (esos mismos que a veces por descuido o por acostumbramiento dejamos resquebrajar o invadir por la vegetación circundante);

-el puente hacia el trabajo ideal, que sólo puede sostenerse equilibrando el peso entre la pasión, la disciplina y el compromiso;

-el puente hacia la realización espiritual, el más sutil y ligero de todos, pero en última instancia el que une la totalidad de los caminos y los conduce a su destino común;

-y el puente hacia los sueños postergados, a menudo fabricado reciclando materiales sobrantes de los otros puentes, aunque no por ello menos fuerte o transitable que ellos...

Pero ahí no acabó el aprendizaje: días después, lo que a priori aparecía como una situación particularmente traumática que nos tocó vivir como familia, se transformó pronto en la excusa para que varios vecinos sencillos y honestos -con los que hasta entonces apenas habíamos cruzado un saludo cortés- se acercaran a manifestarnos su empatía de múltiples maneras, construyendo así a través del diálogo un puente de solidaridad que nos permitirá a todos en el vecindario estar más comunicados y cuidarnos mutuamente.

 Y vos, ¿tenés alas?

Y el más reciente jalón en esta atípica cadena constructiva volvió a llegar a través de Paula, quien -no sin ciertas reticencias de mi parte- se acercó para colocar la piedra fundamental de un nuevo puente: la propuesta de transformar INTENSIONAL en un blog colaborativo, donde me ofrece un rinconcito para compartir periódicamente experiencias y recursos adquiridos en todos estos años de aprendizaje espiritual a partir de la vida cotidiana. Y si bien me siento honrada con la distinción e ilusionada ante el desafío, he de admitir que también me asusta un poco -corrijo, bastante- la perspectiva de una exposición virtual mucho mayor que la que modestamente esperé jamás de mis blogs personales (eso sin mencionar el pánico que me genera el compromiso de ajustarme a cronogramas, planificaciones y exigencias temporales a las que, por naturaleza, suelo huir como de la peste!). Pero al mismo tiempo, intuyo con emoción que este particular puente construido en colectivo puede representar una experiencia hondamente enriquecedora a nivel humano, principalmente porque la comunidad de mujeres que Paula ha reunido en torno a su proyecto encierra en su matriz el potencial para gestar y parir una diversidad de expresiones creativas enormemente sanadoras... 

Así que allá me voy, descalza y ligera de equipaje, con las manos y el corazón abiertos, a poner mi granito de arena en el puente Intensional. A las que quieran seguirme hasta allá, sólo puedo asegurarles que serán muy bienvenidas y se encontrarán desde el principio entre amigas. A las que no quieran o no puedan, igualmente siempre estaré aquí esperándolas para continuar tendiendo puentes por este universo virtual.

¡Bendiciones! 

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miércoles, 15 de julio de 2015

Tierra de nadie


Desde que empecé este blog, me propuse que -más allá de los altibajos y vaivenes lógicos que conlleva la planificación, diseño, construcción y decoración de una casa-, el mismo mantendría un tono básicamente optimista  y positivo, que resultara motivador para aquell@s lector@s que estuvieran considerando embarcarse en una aventura similar. Sin embargo, hoy tengo que consignar un episodio especialmente penoso; y no sólo para ser fiel a la realidad (sería lindo que el proceso de levantar una casa con nuestras propias manos sonase a cuentito de hadas, pero no resultaría muy creíble, ¿o sí?) sino también porque necesito al mismo tiempo desahogarme y escuchar opiniones objetivas, en un momento de completo shock emocional donde se me hace difícil razonar.

Todo empezó anoche, cuando un vecino de la costa nos alertó telefónicamente sobre ciertos movimientos extraños en los alrededores de nuestra construcción, que le hacían sospechar la presencia de personas ajenas. Como algunas de ustedes ya saben -por habernos comunicado vía mail- el jeep que sirve de transporte para desplazarnos hasta el terreno y llevar materiales sufrió un desperfecto importante, por lo que desde hace algo más de quince días la obra se encuentra otra vez detenida. Si bien en un principio el episodio me produjo no poca frustración, con el correr de los días lo fui aceptando como una especie de "señal" en el sentido de quitar un poco el pie del acelerador, especialmente cuando estamos atravesando lo más crudo del invierno austral y se hace dificultoso madrugar con sensaciones térmicas próximas a cero grados Celsius...

Pero la llamada de anoche vino a sacudir la tranquilidad con que finalmente habíamos aceptado este "forzado" receso invernal; así que hoy a primera hora, desafiando el frío, mi compañero se trasladó en moto hasta la playa a fin de evaluar in situ la situación. Una vez allí, comprobó que efectivamente nos habían hurtado varios tablones y otros efectos, y además que no habíamos sido los únicos visitados por "los amigos de lo ajeno": otro vecino también había notado la falta de materiales de demolición que almacena en su patio trasero. Tras una breve pesquisa por la zona, dieron con la explicación: a menos de media cuadra y a los fondos de una casa en ruinas, alguien había levantado una precaria construcción de madera y chapa utilizando -entre otros- los materiales hurtados.

La primera medida adoptada fue comunicarse telefónicamente con la Policía Militar de Chui, que supuestamente es quien se encarga de este tipo de hecho delictivo. Para nuestro asombro, se nos informó que "en el momento no podían hacer nada ya que la denuncia debía ser procesada y remitida a Santa Vitória do Palmar -centro administrativo de la región, ubicado a 30 km-, desde donde la enviarían a Porto Alegre, para que recién desde allí se dictaran las órdenes de procedimiento pertinentes" (cabe aclarar que en la zona donde se encuentra nuestra propiedad sólo hay presencia policial durante los meses de verano, dependiendo el resto del año de la PM de Chui, la cual por recortes presupuestales del nuevo gobierno estadual, también será próximamente eliminada). Ante ello, mi compañero y otros dos vecinos decidieron pasar a la acción y desarmar la improvisada construcción a fin de recuperar sus respectivas pertenencias; pero cuando se hallaban en esa tarea aparecieron dos individuos jóvenes y muy mal encarados, quienes comenzaron a increparles por el retiro de los materiales y a proferir todo tipo de amenazas no sólo a los presentes sino a sus familias -al mejor estilo de las películas-, enfatizando sus intenciones con una puñalada de advertencia que perforó el tanque de nuestra moto. 

A esta altura tengo que explicar que mi compañero es -entre otras cosas- funcionario policial en Uruguay; y si bien en estos últimos años su desempeño como activista gremial y dirigente de su sindicato le exime de portar el arma reglamentaria, ello no significa que haya desterrado por completo el entrenamiento que lo impulsa a PROCEDER ante un hecho de estas características. No obstante, teniendo en cuenta que se hallaba fuera de su jurisdicción y que además nuestra filosofía familiar procura evitar por todos los medios cualquier confrontación violenta, optó por no repeler la agresión y en cambio encauzar el tema por las vías legales pertinentes. Pero a pesar de haber cumplido con todos los trámites burocráticos de estilo -como se supone que debe hacer cualquier ciudadano civilizado- y de pasarse la tarde íntegra en diferentes dependencias policiales, en definitiva nadie nos da una efectiva garantía de que estos hechos no se repitan en el futuro; de hecho, el consejo off the record de los propios policías brasileños es que los vecinos damnificados se junten y le "den una lección ejemplarizante" a estos malvivientes... (¿perdón? ¿alguien me metió sin permiso en la máquina del tiempo, y aterricé en el Far West?) 

Lo cierto es que este episodio -que para algunas personas puede parecer de escasa gravedad- a mí me provocó un profundo impacto emocional. De pronto, me sorprendí preguntándome: "¿En realidad quiero vivir -especialmente con un niño- en un lugar donde los delincuentes se envalentonan a voluntad y no hay seguridad pública que proteja eficazmente a los ciudadanos de bien? ¿Seré capaz de convertir mi futura casa en el santuario de paz, armonía y espiritualidad que sueño, mientras convivo con el temor de que un día cualquiera aparezca uno de estos individuos y la incendie hasta los cimientos sólo por maldad?" Y sobre todo, ¿por qué justo yo, que siempre estoy pregonando y defendiendo -ante el escepticismo de mi pareja- la bondad y solidaridad natural de la mayoría de los seres humanos, tengo que venir a toparme con esta clase de gente que desafía y pone en tela de juicio mis principios más arraigados?

No, este no es un post "típico". Lo escribo desde el desconcierto, la ira, la impotencia y el miedo. Me cuesta entender que lo que a priori parecía un sitio encantador, sereno y paradisíaco, ideal para vivir y criar a mi hijo, se transforme de un momento a otro en una amenaza latente sólo porque algunos marginales se creen con derecho a adueñarse de lo que no les pertenece apelando a "la ley del más fuerte". Y aunque  quienes me conocen saben que no suelo hablar de política -ni de fútbol ni de religión-, esta vez no puedo ser condescendiente porque sería una hipocresía: estoy convencida de que gran parte de la inseguridad en la que vivimos los uruguayos -y a la que, desgraciadamente, como buenos "sumisos" que somos, simplemente nos estamos acostumbrando en vez de combatirla- es directa consecuencia de las políticas populistas de gobernantes que, a ambos lados de la frontera y amparados en las banderas de la equidad y la inclusión, le han hecho creer a ciertos elementos de la sociedad que son "víctimas inocentes del capitalismo imperialista", y por tanto tienen derecho a vivir de gratis y a obtener todo lo que necesitan -o simplemente desean- ROBÁNDOSELO a "la gilada" (es decir, a los ciudadanos comunes que trabajan ocho o diez horas al día, pagan impuestos usurarios y tratan de hacer su vida sin molestar a nadie). Una interpretación muy libre de las viejas consignas de la izquierda sobre redistribución de la riqueza, si se me permite la ironía...

Como sea, este hecho me coloca frente a una encrucijada. El primer impulso fue publicar un aviso en Internet poniendo en venta el terreno tal como está -con la construcción a medio terminar- y reformular todo nuestro proyecto de futuro, incluso calibrando la posibilidad de irnos a otro país donde al menos se pueda vivir con un grado razonable de tranquilidad. Pero por otro lado, una parte de mí se resiste a la idea de malvender una propiedad que nos costó tantos sacrificios conseguir, y en la que hemos invertido no sólo todos nuestros ahorros, sino también un montón de trabajo e ilusiones... ¿Será una lección acerca de la falacia de aferrarse a posesiones materiales? ¿O más bien una triquiñuela del Universo para probar nuestro temple y voluntad frente a las dificultades? ¿Habrá alguna manera de "limpiar" la energía del lugar y continuar con nuestro proyecto original sin que queden resabios de esta experiencia tan desagradable, o será hora de levar anclas y empezar desde cero en otras latitudes? Es bienvenida cualquier opinión, consejo o idea que quieran aportar, realmente en este momento estoy demasiado aturdida para tomar decisiones...

Un beso a todas, y desde ya gracias por el aguante.
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viernes, 19 de junio de 2015

La dama y el vagabundo


Ella es suave, juguetona y de gestos pausados. Posee una mirada increíblemente dulce; adora la crema de leche y el dulce de zapallo, y su pasatiempo favorito es disfrutar largas siestas acurrucada en mantas, almohadones o cualquier rinconcito que le resulte acogedor.


Él, por el contrario, exuda inquietud; de movimientos ágiles y elásticos, permanece siempre alerta y sus correteos se escuchan por toda la casa a cualquier hora del día. Tampoco tiene miramientos a la hora de comer: no sólo da cuenta vorazmente de la ración que le corresponde, sino que incursiona con audacia por la cocina en busca de cualquier bocadillo apetecible, e incluso se atreve a robar algún hueso jugoso que lo tienta desde el plato del perro...


Ella apareció una mañana de sol en el patio trasero, maullando educadamente como si pidiera permiso para entrar, y de inmediato se ganó nuestra simpatía. Días después, él nos siguió durante un paseo por el bosque y se coló sigilosamente en la casa a medio construir, instalándose en lo alto de una viga como si nos desafiara.

Tienen aproximadamente la misma edad, aunque él es ligeramente más corpulento. En cuanto se vieron, el flechazo fue instantáneo; y rato después retozaban juntos y se perseguían mutuamente por el predio, como si se conocieran de toda la vida. De más está decir que cuando al atardecer llegó el momento de subir al jeep para regresar a la ciudad, no tuvimos corazón para separarlos... y a él también le hicimos un lugarcito en la mochila.


A la hora del bautizo, el Principito impuso su criterio y decidió nombrarlos como los niños protagonistas de su telenovela favorita, "Meu Pedacinho de Chão": Pituquinha y Serelepe. Pero a mí, que llevo algunos lustros más sobre las espaldas, se me antojan más bien una aceptable versión gatuna de Lady and The Trump... 

Lo cierto es que, ante la ofendida displicencia de Miss Malú -quien durante cinco años ha detentado la exclusividad felina en la familia, y por consiguiente desaprueba enfáticamente la irrupción de cualquier intruso en sus dominios-, este par de pequeños granujas se ha convertido en el centro de atención durante los últimos días. Sea que se encuentren trenzados en sus interminables juegos de lucha libre, o reclamando a dúo muy afinado su ración de leche tibia (¿me creen si les cuento que acuden corriendo cada vez que escuchan el timbre del microondas?), durmiendo abrazados junto al fuego de la chimenea o compartiendo el regazo de cualquier miembro de la familia dispuesto a estarse quieto por un rato, se han transformado en un tierno recordatorio de la belleza que anida en las cosas simples de la vida...

En mi falda, mientras escribo...

¿La casa? Ah, sí, sigue creciendo en altura, aunque no tanto como nuestra ansiedad; los cortos y fríos días otoñales y algún desperfecto no-tan-menor del viejo correcaminos (con la consiguiente dilatoria en el traslado de materiales) han determinado que la tarea avance más lenta y trabajosamente de lo previsto. Pero gracias al trabajo en equipo de los hombres de la familia, ya está completo el entrepiso y las columnas del piso superior...


...se quitaron los viejos techos y se demolieron paredes...


...y trabajando a la manera antigua (con serrucho, martillo y escoplo), se fueron armando las cerchas que sostendrán la cumbrera... 


...para luego izarlas cuidadosamente y clavarlas en su sitio (desafiando cielos plomizos y una brisa impertinente que silbaba en los oídos)...

Al día siguiente volvió a brillar el sol....
...y la Luna!

Mientras tanto, en la planta baja seguimos levantando paredes...


.. y empezando a sembrar nuestro futuro huerto/jardín...


Quién les dice, en una de esas para la próxima entrega ya esté en condiciones de informar que tenemos un techo sobre nuestras cabezas! Pero ahora mejor me voy a dormir, porque el cansancio se hace sentir en el equipo y mañana -a pesar de una sensación térmica pronosticada de 0ºC- hay que levantarse tempranito para volver al trabajo... ¡Nos leemos pronto!

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